Christian Castillo


LAS JORNADAS REVOLUCIONARIAS DE DICIEMBRE Y EL “CORDOBAZO”
febrero 22, 2002, 6:47 pm
Filed under: Artículos

Estrategia Internacional N° 18
Febrero 2002

Po Christian Castillo

En un trabajo anterior señalábamos esquemáticamente las diferencias existentes entre las acciones de diciembre y las que abrieron el proceso revolucionario en mayo de 1969. En  “Una vez más sobre las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre” decíamos:

– En la Batalla de Plaza de Mayo no fueron obreros agrupados en grandes destacamentos sindicales y estudiantes derrotando a las fuerzas represivas, sino jóvenes trabajadores, estudiantes y desocupados, prácticamente sin organización previa, junto con algunos cientos de militantes de las corrientes de izquierda los que en Plaza de Mayo hostigaron con piedras, en acciones que remiten a la Intifada, a la policía, pero sin llegar a derrotarla. En diciembre la victoria fue política, ya que se logró la caída de De la Rúa, no militar. Para derrotar militarmente a la policía era necesaria la entrada en escena de otras fuerzas sociales: los trabajadores y los desocupados organizados.

– El Cordobazo fue una acción más ofensiva, que se realizó contra un gobierno mucho más fuerte que el de De la Rúa. Si bien contra el “onganiato” las clases medias por intermedio del movimiento estudiantil venían mostrando su descontento y existían algunas luchas obreras previas, nadie preveía la dinámica que cobraría el descontento que empieza a manifestarse con las protestas estudiantiles de mediados de mayo en Corrientes. El de Onganía se consideraba el gobierno más estable desde el golpe fusilador del ‘55.

– En 1969 la situación económica era incomparablemente más estable que en la actualidad. Entonces fue la lucha de clases la que quebró el equilibrio capitalista. Se venía de algunos años con un acelerado crecimiento industrial (índices cercanos al 6 % anual) que estaban dando los primeros signos de debilitamiento. Nada que pueda compararse a los cuatro años de recesión. Las jornadas actuales se dieron en condiciones donde ya estaba roto el equilibrio capitalista desde el punto de vista de la economía.

– Cuando se produce el Cordobazo, el proletariado venía fortalecido estructuralmente. Luego de las derrotas obreras de fines de los ‘50 y principios de los ‘60, que permitieron la aplicación de planes de “racionalización” (es decir, superexplotación obrera) se desarrolló un ciclo de afluencia de capital imperialista, con el desarrollo de nuevas industrias, principalmente la automovilística, la pesada y semipesada, la petroquímica, el desarrollo de las explotaciones petrolíferas, las máquinas de calcular, la cohetería y la atómica, que estaban transformándose en las ramas dominantes o en extensión en la estructura económica del país. Moreno señalaba correctamente este aspecto contra aquellos (como Santucho) que veían una decadencia absoluta de la economía nacional apoyándose en la declinación de ciertas ramas de producción como los ingenios azucareros. En la actualidad la clase obrera viene indudablemente más golpeada tras cuatro años de recesión y niveles de desocupación y subocupación inéditos en la historia del país. Viene además de soportar la pérdida de muy importantes conquistas. Sin embargo, como señalamos en el programa del PTS, el proceso que vivimos bajo el menemismo fue un “nuevo espiral de desarrollo desigual y combinado, que significó simultáneamente una relativa modernización capitalista en algunas ramas e impuso un retardo más severo e infranqueable al desarrollo nacional, empujando al país más profundamente en el callejón sin salida de la sumisión al imperialismo” (…)

– Desde el punto de vista de la acción revolucionaria de la clase obrera y la conquista de su hegemonía sobre el conjunto de las clases explotadas lo antes señalado provoca tendencias contradictorias. Por un lado, la centralidad proletaria era claramente visible en el Cordobazo y en el Rosariazo, en el cual las columnas obreras jugaron un rol central. Hoy, a pesar de las huelgas generales donde el proletariado ha hecho pronunciamientos políticos contra ataques de conjunto y ha protagonizado en los últimos años multitud de conflictos parciales, son excepciones (metalúrgicos de Tierra del Fuego en el ‘95; Ingenio La Esperanza en el ’99; Zanón en la actualidad) los casos en que el proletariado ha tenido enfrentamientos que superen los marcos de la legalidad burguesa, como ha sido característico de los desocupados. Es indiscutible el efecto negativo que ha tenido la altísima desocupación en lograr que los obreros acepten los planes de despidos y suspensiones acordados entre las patronales y la burocracia. Una crisis aguda de la clase obrera acompaña la decadencia de la economía nacional. Pero a la vez, las mismas condiciones de agravamiento de las penurias de las masas, el alto crecimiento de la pauperización y de la desocupación, crean una situación de “leña seca” para levantamientos revolucionarios muy superior a la existente en los años del Cordobazo. Situación que ya se ha expresado en los levantamientos con elementos de guerra civil protagonizados por los desocupados, primero en el ‘97 y luego en los años 2000 y 2001.

– Una cuestión novedosa del levantamiento actual es el papel explosivo jugado por las capas medias urbanas, en particular de la Capital Federal, especialmente a partir del incautamiento de salarios y depósitos. En realidad en lo que los medios de comunicación describen como las protestas de la clase media, confluyen un conjunto heterogéneo: desde distintos sectores que son parte de la clase trabajadora pero participan de las acciones como “ciudadanos” (trabajadores estatales y docentes, cadetes, oficinistas, empleados de pequeñas empresas y talleres, trabajadores de los servicios, etc.) y estudiantes hasta comerciantes y profesionales “liberales”. La juventud constituye sin duda el sector más radicalizado de esta protesta, enfrentándose valientemente con las fuerzas de represión. De alguna manera este proceso de giro a la izquierda de la juventud se venía expresando en el derrumbe electoral de la Franja Morada en las universidades. Sin embargo, en perspectiva, si los acontecimientos revolucionarios se desarrollan, las capas medias tenderán a polarizarse a derecha e izquierda.

– En la actualidad es mucho más profunda la crisis burguesa, siendo más descarnada la guerra intercapitalista que se viene dando desde comienzos de la crisis.

– A la vez, es mayor la descomposición de las alternativas de dominación burguesa. Mientras que las masas en el Cordobazo se enfrentaron a una dictadura, la caída de De la Rúa tiene significación tanto por ser la primera vez que un movimiento de masas voltea a un gobierno electo por sufragio popular como por el repudio manifestado por la población al conjunto de los partidos burgueses. El peronismo se ha mostrado en lo inmediato, aún en su división y desprestigio, capaz de actuar como “partido de la contención”. Pero él también es parte de una “crisis de hegemonía” del dominio burgués. En el período abierto con el Cordobazo, existían Perón y el peronismo como grandes mediaciones, rol que hoy nadie está en condiciones de jugar.

– Por último, una comparación de la subjetividad de la vanguardia y de la clase obrera en ambos momentos. La revolución cubana, primero, la guerra de Vietnam y la situación internacional abierta con el Mayo Francés, después, hacían muchísimo más presente para decenas de miles de activistas obreros y estudiantiles la perspectiva de la revolución social entonces que en la actualidad. Se partía de un nivel de subjetividad muy superior al existente actualmente. Este no es sólo un fenómeno nacional. A pesar de la decadencia del “neoliberalismo” aún no se ha revertido, a nivel de masas, la percepción de que no hay alternativa al capitalismo. La expropiación de los capitalistas y el socialismo no son vislumbrados aún como salida por las masas que han volteado al gobierno. Este es un hándicap con el que las clases dominantes pueden compensar hoy la mayor debilidad de mediaciones reformistas y burocráticas con que cuentan. Es esto lo que explica que en lo inmediato, aunque condicionado por la efervescencia de masas, pueda darse el juego entre las diversas variantes burguesas a la hora de enfrentar la aguda crisis de poder. La radicalización de la juventud y sectores de las clases medias puede puede “abrir el camino” para permitir el cambio de esta situación en la clase obrera.

– Igual que en el Cordobazo, no existen en la actualidad organismos de las masas de tipo soviético, aún embrionarios, aunque sí está la experiencia de las Asambleas Piqueteras, que fueron un paso en este sentido, en especial la votación de la última de ellas en el sentido de realizar una tercera asamblea de ocupados y desocupados con un delegado cada veinte. Se puede apreciar en toda su magnitud el rol de sostenedores del régimen de los dirigentes piqueteros, complementario al de las burocracias de la CGT y la CTA, que se negaron a cumplir el mandato de convocatoria a la tercera asamblea.

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