Christian Castillo


LOS MOMENTOS DE “GIRO HISTORICO” DEL MOVIMIENTO OBRERO ARGENTINO
febrero 22, 2002, 6:50 pm
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Estrategia Internacional N° 18
Febrero 2002

Por Christian Castillo y Fredy Lizarrague

En la historia argentina han existido tres procesos que culminaron en cambios cualitativos en la composición y dirección de la clase obrera. En todos ellos estuvo planteada la posibilidad de un giro histórico hacia la independencia de clase plena, hacia la emergencia de un movimiento obrero verdaderamente revolucionario. Queremos señalar sintéticamente los rasgos esenciales de cada proceso, para mostrar cómo fueron madurando las condiciones para que nazca una dirección revolucionaria, y el por qué de sus abortos o derrotas. Queremos brindar puntos de referencia (que pueden ser profundizados apelando a la basta bibliografía existente) para enriquecer el análisis del momento actual, que desarrollamos en el artículo anterior. Cada proceso lo abordamos en tres niveles de análisis, cada uno de los cuales tiene sus propios tiempos de maduración, aunque permanentemente interactúan: (a) el de la lucha de clases, comúnmente llamado momento de ascenso o retroceso de la lucha y conflictividad obrera y del pueblo pobre; (b) el de la maduración de sectores avanzados producto de las experiencias prácticas de lucha y la cristalización en organizaciones sindicales, “sociales” o políticas, y de la influencia de fenómenos políticos nacionales e internacionales; (c) la formación y desarrollo del partido marxista revolucionario, desde sus núcleos iniciales, grupos y tendencias.

1. El movimiento obrero de los orígenes

El primer proceso comienza a fines del siglo XIX y principios del XX, a partir de la organización de los sindicatos por oficio en las industrias y servicios que nacían como auxiliares del país agroexportador. Abarca dos grandes ascensos. Una oleada de lucha obrera si inicia con la primera huelga general de 1902 y culmina con la derrota del “centenario” (1910). Es un ascenso muy combativo, con enfrentamientos violentos permanentes, y el llamado a siete huelgas generales, cuatro de las cuales se cumplen ampliamente. Luego de un período de reflujo, en 1916 comienza un nuevo ascenso. El triunfo de la revolución rusa en 1917 causa un fuerte impacto. Como parte de un ascenso que recorre vastas zonas del planeta, en Argentina la oleada de luchas tiene sus expresiones más avanzadas en la huelga general con características insurreccionales de enero de 1919, conocida como la Semana Trágica, en la ciudad de Buenos Aires que por entonces contaba con alta composición proletaria, y que culmina con centenares de muertos, detenciones y persecuciones, y desata luchas de apoyo en varios puntos del país; y las impresionantes luchas de los obreros rurales de la Patagonia (que Osvaldo Bayer inmortalizara en su libro “Los vengadores de la Patagonia Trágica”) y la huelga de los obreros de los quebrachales La Forestal, ambas a comienzos de la década del 20.

Este último ascenso se dio bajo el gobierno radical de Hipólito Yrigoyen, y un elemento que dio fortaleza al régimen burgués fue que con el radicalismo la burguesía rural, las clases medias y sectores de la clase obrera entraron en un régimen de conciliación con la oligarquía a partir de la instauración del sufragio universal (Ley Sanz Peña de 1912). El período de enfrentamiento de las clases medias al régimen oligárquico, que va desde las “revoluciones” cívico-militares que expresa el radicalismo (1905 y otras) hasta los grades levantamientos agrarios (con el Grito de Alcorta como hito histórico en 1912), había sido en cierta medida canalizado con el proceso de integración del radicalismo que culmina con la asunción de Hipólito Yrigoyen en la presidencia (1916). Hacia la clase obrera, Yrigoyen combinaba una política negociadora hacia determinados sectores, junto con una brutal represión a las franjas más combativas (reprimió a sangre y fuego las grandes luchas que nombramos antes, y mantuvo las Leyes de Residencia y de Defensa Social, dictadas a principios de siglo, que permitían la deportación de los dirigentes y activistas obreros o de izquierda, muchos de ellos inmigrantes, incluso por mera sospecha).

En el terreno de la organización, de los primeros sindicatos por oficio, periódicos y asociaciones obreras se pasó a la fundación de la FOA (Federación Obrera Argentina) en 1901, que luego dará origen a la FORA (Federación Obrera Regional Argentina) en 1904. Bajo la dirección de los anarquistas, en su V° Congreso (1905) adopta los principios de la lucha de clases, la huelga general, el “comunismo anárquico” y el internacionalismo. Siendo el anarquismo de principios de siglo un fenómeno con muchos rasgos populistas que influenciaba no sólo a los sindicatos sino a amplios medios intelectuales y de las capas pauperizadas de la sociedad, expresaba los sectores más revolucionarios de la clase obrera fundamentalmente compuesta por inmigrantes que habían huido de sus países europeos no sólo por el hambre sino por sus actividades políticas. El ala más conciliadora y minoritaria del movimiento obrero lo constituyen los socialistas que fundan la UGT (1903) que luego es copada por los “sindicalistas”. El Partido Socialista logra peso político en Buenos Aires pero en su dirección tienen amplio peso las tendencias más reformistas de la II Internacional.

El movimiento obrero argentino surge como un movimiento obrero con predominio de las tendencias revolucionarias no integrado al régimen. Sin embargo, en los acontecimientos decisivos como la Semana Trágica, la central obrera mayoritaria era ya la FORA IX° Congreso (realizado en 1914), dirigida por los sindicalistas y socialistas, en oposición a la FORA V° Congreso de los anarquistas. Los primeros juegan un rol abiertamente conciliador con el gobierno, negociando levantar la huelga general ni bien esta comenzaba a radicalizarse. La política más combativa y revolucionaria pero profundamente sectaria de la FORA Vº Congreso no fue una alternativa de conjunto.

En este proceso nace el Partido Comunista a partir del ala izquierda del Partido Socialista, que rompe con él en 1918 y forma el Partido Socialista Internacional, luego Partido Comunista. Pero ni en el PC ni entre los combativos anarquistas surgió una organización que sintetizara las mejores experiencias del proletariado argentino e internacional y que pudiera jugar en Argentina el papel de los bolcheviques en Rusia. El Partido Comunista nace como un partido “centrista”. Su adhesión a la III Internacional no significaba una superación dialéctica de lo más avanzado que había dado el anarquismo. Por ejemplo, frente a acontecimientos históricos como la Semana Trágica, no sólo actuó subordinado a la FORA IX° Congreso que traicionó la lucha, sino que luego su dirección no sacó las lecciones revolucionarias a partir de un balance crítico de estos acontecimientos1. El PC argentino seguirá en los años siguientes el curso de stalinización de la amplísima mayoría de los Partidos Comunistas del mundo en la segunda mitad de los ‘20 y en los ‘30.

2. El movimiento obrero que culmina en el peronismo

El segundo proceso comienza a gestarse en la década del ‘30, al calor del proceso de pseudo-industrialización (la llamada “sustitución de importaciones”). En el marco de la “gran depresión” mundial, se acelera la decadencia de Inglaterra, metrópolis hegemónica en Argentina, y los Estados Unidos comienzan desde fines de los 30 a disputar sus dominios. Luego del golpe del ‘30, el radicalismo es proscripto mediante el fraude electoral, y esto lleva a franjas de las clases medias a la oposición, y sectores de las mismas se acercan a la clase obrera y a la conciencia del estado de dependencia en que se encuentra la nación (como expresara el grupo FORJA).

En estos años se desarrolla una nueva clase obrera en las grandes industrias y en la construcción, que mezclaba el viejo movimiento obrero con trabajadores que venían del campo, sin tradición política. Surgen los sindicatos por industria centralizados nacionalmente, como los de la construcción y la carne, donde tiene fuerte peso el PC, aunque de conjunto es minoritario en el movimiento obrero dirigido por los sindicalistas (que dirigían los sindicatos ferroviarios, lo más importantes) y socialistas. Los nuevos sindicatos surgen al calor de grandes luchas como la de la construcción, que comienza en octubre del ‘35 y se extiende hasta enero del ‘36, cuando estalla una huelga general con características insurreccionales en la ciudad de Buenos Aires. Pocos meses después de esta huelga se reunifica la CGT con una plataforma que sostenía la “lucha de clases”. Sin embargo, el Partido Comunista, al calor del giro stalinista dictado por la III Internacional burocratizada hacia la política de los “frentes populares”, se dirige hacia una política de seguidismo a los radicales.

Mientras las brechas en las clases dominantes respecto al alineamiento internacional y la ilegitimidad del régimen de la “década infame” abrían un momento convulsivo que podía ser aprovechado por el movimiento obrero para emerger en forma independiente, las direcciones de las centrales sindicales se dividen y se subordinan a las fracciones burguesas enfrentadas y el Partido Comunista se alínea desde 1941 con el ala pro-norteamericana. Se crearon así las condiciones, junto con la bonanza económica que conoció el país producto de su rol de exportador de alimentos durante la Segunda Guerra Mundial, que permitieron que el General Perón construyera su movimiento a partir de grandes concesiones al movimiento obrero y copando y abortando el fugaz intento de construir un partido político propio de los trabajadores (el Partido Laborista dirigido por Cipriano Reyes). Por la subordinación de las organizaciones obreras a un sector burgués, el peronismo puede caracterizarse en forma análoga a como definió León Trotsky al APRA peruano o al cardenismo mexicano: un frente popular en forma de partido. La traición del PC en la huelga metalúrgica del ’42, la gran huelga de la carne del ‘43 y luego su participación en la Unión Democrática dirigida por el embajador norteamericano opuesta al peronismo, fueron ejemplos emblemáticos de cómo la política del PC favoreció el ascenso del peronismo. Se truncaban así las tendencias a la maduración de un movimiento obrero clasista. A partir del 17 de octubre del ‘45 y el triunfo de Perón en el ‘46, un nuevo movimiento obrero entra de lleno en la vida política nacional, alcanza niveles de sindicalización y conquistas enormes, pero sus organizaciones quedan completamente subordinadas al estado y al nacionalismo burgués. Los núcleos que en esta época se consideraban trotskistas eran muy pequeños, fragmentados y con una política errática, aunque combatieron el gorilismo del PC y comenzaron a tener relaciones con sectores de la clase obrera.

3. “Los setentistas” y sus orígenes

Un primer ascenso, la “resistencia peronista”, se produjo entre el ‘56 y el ‘59, culminando en este año con la derrota de la huelga y ocupación del Frigorífico Lisandro de la Torre que había motivado la huelga general de apoyo y combates callejeros con la policía en zonas de la ciudad de Buenos Aires. En este proceso surgen las 62 Organizaciones que en sus orígenes se basaban en la participación directa del activismo más combativo de las principales fábricas de Capital y Gran Buenos Aires.

Del ‘59 al ‘69 fueron años de retroceso de conjunto, aunque hubo acciones de gran envergadura como el Plan de Lucha de la CGT del ‘64, con la ocupación simultánea de miles de fábricas, algunas con toma de rehenes, y huelgas duras como la de los portuarios en el ‘66, los obreros de los ingenios azucareros del norte del país, los petroleros en el ‘68, etc. Durante estos años, franjas de las clases medias que habían sido furiosamente antiperonistas y habían apoyado el golpe “fusilador”, comienzan a izquierdizarse bajo el influjo de la revolución cubana y la crisis del frondizismo. Bajo el golpe de Onganía en el ‘66, el movimiento estudiantil y la juventud se radicalizan, y ganan peso en la vanguardia tendencias a la izquierda de los reformistas del PC, como los maoístas que rompen con el PC en el ‘67 y tendencias guerrilleristas.

La corriente dirigida por Nahuel Moreno, que se reivindicaba trotskista, tuvo una política centrista. En primer lugar, practicó el entrismo en el peronismo a través de Palabra Obrera que en los primeros años le permitió relacionarse con lo mejor de la vanguardia obrera peronista de esa época pero que se prolongó hasta el ‘64, cuando ya las tendencias más progresivas del primer ascenso (‘55-’59) habían desaparecido, y entonces la adaptación política al peronismo (del cual ya había fuertes síntomas) era inevitable. En segundo lugar, en el ‘65 funda junto a la corriente de Roberto Santucho el PRT, partido a mitad de camino entre el trotskismo y el guerrillerismo guevarista, que se rompe en el ‘67.

La etapa mundial de ascenso abierta con el Mayo Francés del ‘68 se expresó en nuestro país en el ascenso revolucionario más colosal de su historia. El movimiento obrero, apoyado por la juventud, protagoniza múltiples acciones de masas, cuyos hitos más importantes son:

(a) el Cordobazo, los dos Rosariazos del ‘69 y otras semi-insurrecciones locales, donde los sindicatos obreros combativos, muchas veces apoyados en huelgas generales, acaudillan a las clases medias y a los estudiantes en “lucha de calles”, enfrentando y derrotando en varios casos a la Policía;

(b) el Viborazo del ‘71 donde por primera vez desde el surgimiento del peronismo, sindicatos clasistas como SITRAC y SITRAM, juegan un rol dirigente en una semi-insurrección en una ciudad de la importancia de Córdoba, con un programa obrero independiente y en alianza con otros sectores oprimidos;

(c) con la caída de la dictadura y el triunfo de Cámpora, en mayo del ‘73 el “Devotazo” impone la liberación de todos los presos políticos y se desata una ola enorme de tomas de fábricas, establecimientos, instituciones públicas, colegios secundarios, etc., que exigen la remoción de las viejas autoridades y reivindicaciones propias;

(d) a pesar de la derrota del primer clasismo en el ‘71 con la toma militar de la Fiat y  la vuelta de Perón que logra el Pacto Social con todas las alas de la burocracia, la gran huelga de los obreros metalúrgicos de Villa Constitución en el ‘74 (el Villazo) vuelve a retomar la tradición del clasismo y se transforma en un nuevo polo de referencia para los sectores del movimiento obrero que tendía a romper con el peronismo. Hicieron falta 4000 policías y gendarmes para aplicar la orden firmada por Isabel Perón y los principales ministros de intervenir la seccional de la UOM e imponer la derrota (resistida por 59 días de huelga organizada clandestinamente). Otras huelgas obreras mostraron elementos muy avanzados, como la toma de fábrica con control obrero de la producción de los obreros petroquímicos de PASA (San Lorenzo) y numerosas tomas de fábricas con rehenes;

(e) en junio y julio del ‘75, en pleno accionar de las Triple A, en el proceso que culminará con la monumental huelga general contra el Plan Rodrigo (el Rodrigazo), surgen las Coordinadoras Interfabriles en el Gran Buenos Aires, congregando comisiones internas, sindicatos y organismos de base por regiones, expresando una clara tendencia al surgimiento de organismos de tipo soviético. Este es el punto más avanzado por su masividad y organización, del enfrentamiento de la clase obrera con el gobierno peronista.

Las clases medias en esta etapa oscilarán entre la oposición abierta y activa al régimen militar hasta el ‘73 (confluyendo en la lucha con el movimiento obrero y proveyendo miles de militantes estudiantiles, intelectuales, profesionales, etc., a las corrientes que se reivindicaban revolucionarias y a los grupos guerrilleros ERP y Montoneros), un momento conservador en el ‘74, la vuelta a la oposición en el Rodrigazo y un giro a la derecha contra el “caos” a fines del ‘75 y en el ‘76, que llevará a amplios sectores a apoyar de hecho el golpe militar genocida (trauma de la clase media que perdura hasta nuestros días).

En este proceso altamente convulsivo, crecieron vertiginosamente las tendencias a la ruptura por izquierda del dominio de la burocracia sindical peronista sobre el movimiento obrero. Sin embargo,  predominaron las corrientes guerrilleras tanto de la izquierda peronista (Montoneros, FAP, etc.) como “marxistas” (ERP), ambas enemigas de la autoorganización obrera en lucha por un programa que permitiera derrotar a la burocracia sindical, conquistar la independencia política necesaria para hegemonizar la alianza obrera y popular, luchar por un gobierno propio de los trabajadores, y organizar sus propias milicias obreras. Las corrientes guerrilleras sembraron una enorme confusión política en la vanguardia, alimentada por la política centrista de las corrientes que se reivindicaban trotskistas (que nunca tuvieron como estrategia en el período, más allá de batallas parciales correctas, el desarrollo de las tendencias a la autoorganización y las milicias obreras) como el PST y PO2, que impidió la superación revolucionaria del peronismo antes del golpe militar.

El genocidio de la vanguardia obrera, juvenil e intelectual perpretado por la dictadura jugó el rol de no sólo liquidar físicamente lo mejor de la vanguardia de esos años, sino que preservó en cierta medida al peronismo y al radicalismo ante los ojos de las masas, al transformarlos en partidos “perseguidos”.

4. La década del ‘80

Los ‘80 fueron años donde se vivieron ascensos de luchas obreras y populares, pero dentro de una etapa signada por la derrota física de la vanguardia obrera y de izquierda del golpe del ‘76 y la derrota nacional frente al imperialismo anglo-norteamericano en la guerra de Malvinas del ‘82. En los distintos períodos de ascensos (la crisis revolucionaria de la caída de la dictadura ‘82-’83, y desde el ‘87 hasta el ‘91, por nombrar los más importantes) se combinaron luchas de trabajadores de distintos gremios, 14 huelgas generales (muchas de ellas con programa político, como la del ‘86 que planteó la moratoria de la deuda externa) y luchas democráticas por el castigo a los militares genocidas (la más importante fue la de Semana Santa del ‘87) con la participación de amplias franjas de las clases medias. Luego de la instauración del régimen democrático burgués a fines del ‘83, ninguna de estas luchas llegó en esos años a romper sus marcos. Sin embargo, la ofensiva redoblada del imperialismo y la transformación de la UCR y el PJ en meros ejecutores de los planes del FMI, hicieron emerger dos grandes partidos de izquierda, el MAS y el PC (luego de un efímero intento centroizquierdista, el PI). Poco se podía esperar del reformista PC. Pero el MAS, que se consideraba trotskista, lejos de aprovechar la afluencia de trabajadores y jóvenes, el haber ganado la dirección de decenas de comisiones internas de fábricas y establecimientos y de varias seccionales de sindicatos y una importante influencia en el movimiento estudiantil, para prepararlos para los futuros acontecimientos revolucionarios, se adaptó al régimen democrático burgués y sus rutinas electorales (formando el Frente del Pueblo y luego Izquierda Unida con el PC), sindicales y estudiantiles, y perdió toda perspectiva internacionalista. Los que nos fuimos del MAS para formar el PTS en el ‘88, fuimos expulsados por señalar esta política centrista, no revolucionaria. Esta debilidad estratégica del MAS se vio a todas luces en la crisis del ‘89-’91, donde la burguesía mediante la hiperinflación descargó un brutal golpe a la clase obrera, aprovechando el marasmo para imponer las privatizaciones y crear las condiciones para el ciclo de ascenso económico bajo el gobierno de Menem. La derrota, junto con los golpes “de rebote” de los cascotes del Muro de Berlín que le caían a su socio electoral stalinista, lo hizo estallar en varios grupos, los principales de los cuales son hoy el MST y el MAS, partidos que en toda la década del 90 se negaron realizar un balance profundo y revolucionario de la experiencia del MAS de los 80, reafirmando con esto el carácter centrista de estos grupos.

Los trotskistas del PTS nos hemos propuesto sistemáticamente realizar el balance crítico de las experiencias de la clase obrera y del rol de la izquierda en ella, para poner a prueba en la historia (nacional e internacional) la teoría-programa del marxismo revolucionario. Esta es la única forma de crear bases sólidas para luchar para que el nuevo giro histórico que tiene frente a sí el movimiento obrero argentino se desarrolle en un sentido revolucionario, única garantía de triunfo.

Aquellos que no aprenden de la historia, están condenados a repetirla.

1 Otto Vargas, en su “Historia del marxismo argentino”, señala este elemento correctamente y plantea que el PC nació como un partido “kautskista”. Sería conveniente que aplicara ese método a la actuación del maoísmo que él orienta (PCR) tanto en el ascenso ‘69-’76 como en la actualidad…

2 Prueba del centrismo de estas corrientes es que nunca profundizaron seriamente el balance de estos años, los más importantes desde el punto de vista de la experiencia revolucionaria de la clase obrera.

Historia del Movimiento Obrero

1920/1943 – Expansión Industrial y predominio del Sindicalismo “Reformista”

Desde el punto de vista del movimiento obrero el período se caracterizó, en un primer momento, por la prevalencia numérica del sindicalismo “puro”, tendencia cuya máxima expansión se registró entre la gran etapa de declinación del anarquismo y mediados de la década del ‘30, en que el control de la mayor parte del Movimiento

(8) – Documento de la F.O.R.A. en ROTANDARO, Rubén. Op. Cit.

(9) – FERNANDEZ , Arturo Op. Cit.

Obrero pasó entonces a manos socialistas y comunistas. Esta última corriente había surgido en 1921, con la escisión del ala izquierdista del Partido Socialista, como reflejo y consecuencia del impacto, producido a nivel mundial, por la reciente Revolución Rusa.

El contexto político social en que estas corrientes desarrollaron su accionar, estuvo signado, en una primera etapa, por la irrupción del radicalismo, que, tal como lo señaláramos en el punto anterior, a partir de 1916 permitió ampliar las bases de representación política. El gobierno de Yrigoyen practicó un nacionalismo de corte popular y democrático, pero, las contradicciones no resueltas dentro de su propio partido, en donde gravitaba el cuño oligárquico representado por el “alvearismo” y el hostigamiento de los conservadores, del “nacionalismo” oligárquico y aún de las propias fuerzas de izquierda, que no comprendían este “nacionalismo popular”, llevó a que, cuando asumiera la segunda presidencia (1928), sus días estuvieran prácticamente contados. El golpe protagonizado por el General Uriburo, el 6 de setiembre de 1930, representó la intervención directa, por vez primera, de las fuerzas armadas en el escenario nacional, interrumpiendo un gobierno surgido de la voluntad popular.

Entre 1930 y 1932 el poder fue pasando del “nacionalismo” oligárquico (dictadura de Uriburo) a la oligarquía propiamente dicha (dictadura de Justo). Este período, abierto en 1930 y conocido con el nombre de “Década infame”, se prolongará hasta 1943, cuando, a partir de otro levantamiento militar se generará la posibilidad de romper el viejo esquema en que se hallaba encerrado el país.

La “Década infame” delimitó un ciclo en cuyo transcurso se materializaron las formas mas escandalosas del fraude (que los conservadores llamaron patriótico) y la entrega del país a los monopolios extranjeros. Se fundó el Banco Central controlado por la banca internacional, se entregaron nuestras carnes en forma ruinosa con el Tratado “Roca – Runciman”, que establecía que el 85% de la cuota exportable de carne argentina sería distribuido por el gobierno inglés. La interpelación sobre las carnes que se suscitó en el Senado, mostró el sometimiento de la acción gubernativa a los intereses concordantes de los grandes ganaderos y el trust frigorífico inglés y norteamericano: se expropió el transporte colectivo porteño en poder de pequeños empresarios particulares, pasándolos a manos de los intereses británicos. Empresas de electricidad, ferrocarriles, flota mercante, seguros y reaseguros, todo era extranjero.

Por otra parte, este período se inscribió en el marco de la crisis mundial de 1929. Para esa época, toda la región pampeana se encontraba en explotación, no quedaban tierras por ocupar y la producción entró en un “impasse”, a la vez, la demanda de productos agropecuarios en el mercado mundial se vio disminuida por efectos de la crisis; desde entonces a 1932, las exportaciones, al igual que las importaciones, se redujeron a la mitad. Argentina perdió, en los años de la crisis, casi mil millones de dólares anuales, ya que la baja de los productos agropecuarios en el mercado mundial era mayor que la de los productos manufacturados. (1)

Los factores que señaláramos, tanto internos como externos, contribuyeron, pues, a marcar el delineamiento de la economía agroexportadora e impusieron la necesidad de orientaciones distintas a la producción. La oligarquía vióse obligada a ahorrar divisas y a impulsar, contra sus intereses, un limitado desarrollo industrial, orientado al establecimiento de una industria de tipo manufacturero, que procediera a la sustitución de lo que antes se importaba, dedicada, especialmente, a la fabricación de productos de uso final dependiente de los países altamente desarrollados para la obtención

(1) – BORTNIK, Rubén – “Historia Argentina y Dinámica Social”. Editorial Precursora.Buenos Aires, 1972.

de maquinarias, equipos y hasta combustibles.

El panorama de la actividad industrial muestra que si durante la década del ‘20 en número de establecimientos industriales había aumentado a razón de 2.800 y de 5.000 entre 1940/1945.

n 1935, el 25% de los establecimientos industriales censados se habían fundado después de 1931. Las ramas que se desarrollaron mas rápidamente fueron las maquinarias, artefactos eléctricos y la de derivados del caucho, casi inexistentes hasta 1930. Pero las mas importantes par la sustitución de importaciones fueron la textil, la de alimentación y la de bebidas (2).

Se debe también señalar que a este proceso de desarrollo industrial se incorporó, desde un primer momento, la inversión extranjera. En 1930, fundaron filiales Good Year y Pirelli; un año mas tarde, Firestone; en 1935, se instaló Phillips y la empresa, de origen alemán, Osram; en 1936, Eveready. Las sucursales de firmas norteamericanas y europeas, encontraban así “la forma de emplear su capital en máquinas, funcionarios ejecutivos y técnicos sin trabajar por la depresión en sus respectivos países, resolviendo sus problemas de estructura económica”.(3)

Por otra parte, este procedimiento permitía a esos capitales, especialmente a los norteamericanos, no perder su influencia en el mercado interno argentino, jugando, además un papel orientador en la producción industrial de acuerdo a sus intereses.

En 1935, las empresas extranjeras representaban el 50% de la producción del país, el resto correspondía a una multitud de pequeñas y medianas empresas de capital nacional. Pese a que aún proliferaban pequeños talleres, el avance de la gran industria era también considerable. Entre 1935 y 1945, la producción industrial se triplicó, mientras que el índice de la producción agropecuaria no llego a duplicarse. En 1942, la industria representaba ya un sector de fundamental importancia con el 44,7% del valor de la producción nacional (4).

Sin embargo, este crecimiento industrial, por no responder a un panorama coherente y deliberado de planificación, dio como resultado un crecimiento dispar del sector. Por una parte, las industrias de bienes de consumo se multiplicaron sin orden t las industrias de base fueron olvidadas o malogrados los intentos de expansión. Por lo tanto, las formas que adquiría el proceso industrialista: coyuntural, sustitutivo, con incorporación importante de capital extranjero, estaba fijando, desde el inicio, los límites de su posterior desenvolvimiento.

Por otra parte, se debe también considerar que este desarrollo industrial se centralizó en la denominada “costa industrial argentina, una franja de unión de los puertos de Santa Fe y La Plata, concentrando su núcleo fundamental en el Área Metropolitana (Capital Federal y los 19 partidos conurbanos), contribuyendo a acentuar las desigualdades regionales en la Argentina. El siguiente cuadro es ilustrativo al respecto.

(2) – DEL CAMPO, Hugo – “Sindicalismo y Peronismo – Los comienzos de un vínculo perdurable”.CLACSO, Buenos Aires, 1983

(3) – SUAREZ, Carlos – “Apuntes sobre industrialización en la Argentina, artículos del libro “Estudios sobre la Sociedad y el Estado”(compilador H. ROUDIL).EUDEBA, Buenos Aires, 1985.

(4) – DEL CAMPO, Hugo – Op. Cit.

·         Evolución de los Establecimientos Concentrados en Capital Federal y Provincias Litorales

1914 1935 1939
70 76,4 76,3

FUENTE:SUAREZ, CarlosOp. Cit.

El proceso de industrialización estuvo acompañado por un crecimiento extraordinario de los saldos migratorios, reduciéndose la inmigración europea, desde 1930, a cifras insignificantes. Las poblaciones provincianas, tanto de las zonas tradicionalmente “estancadas” como aquellas que sufrían los efectos de la crisis, se volcaron hacia los centros urbanos del litoral, principalmente Buenos Aires y zonas circunvecinas. Se estimaba que, en 1936, el saldo migratorio se había mantenido en 8.000 anuales, aumentando en forma rápida en el lapso de los años 1936/1943 a 72.000 anuales (5). Esto indica, hasta que punto, las migraciones internas habían reemplazado a las inmigraciones como proveedora de mano de obra.

La afluencia de cantidad tan grande de población de origen rural o de pueblos chicos y la incorporación de su mayor parte a la industria, implicaba una profunda transformación de la clase obrera. Sin tradición sindical, la mayoría quedó al margen de las organizaciones obreras que, en general, se mostraron incapaces de atraerlas. Recién después de 1946, comenzaron a ingresar, masivamente, en los sindicatos. (6)

Las condiciones sociales y laborales en que se desarrollaba la vida de la clase obrera, no se había modificado mayormente, en relación al período precedente.

Durante la crisis aumentó la desocupación, retornando, recién en 1934, a niveles anteriores. Según datos oficiales, el número de desocupados llegaba, en 1932 a 334.000; de los cuales 264.000 lo estaban en forma total y 70.000 en forma parcial. Por esa misma fecha, el salario medio de un obrero industrial descendió a $ 105,50 en relación a los $ 130,- de 1929 (7).

En 1937, el 59% de las familias obreras de Buenos Aires, vivía en una sola pieza, habitualmente de conventillo. Eran muchas las que carecían de las condiciones mas elementales: baño exclusivo 62%; agua corriente 38%; cocinas independientes 19% (8).

(5) – ROTANDARO, Rubén – Op. Cit.
(6) – DEL CAMPO, Hugo – Op. Cit.
(7) – DEL CAMPO, Hugo – Op. Cit.
(8) – DEL CAMPO, Hugo – Op.Cit.

En cuanto a la jornada de trabajo, fue reduciéndose a lo largo de la década, gracias a la paulatina imposición del “sábado ingles”, de un promedio de 48 horas semanales, al principio, o uno de 44 al final. En 1935, los obreros se repartían aproximadamente por mitades entre ambos tipos de jornadas y eran muy pocos los gremios que gozaban de vacaciones pagas. Aunque la práctica de los convenios colectivos

se fue extendiendo lentamente durante la segunda mitad de la década, la mayoría de los trabajadores no llegó a gozar de sus beneficios; la falta de convenios dejaba un amplio margen para la arbitrariedad de los patrones, ya que, eran ellos quienes fijaban, unilateralmente, en la mayoría de los casos, las condiciones laborales (9).

Con respecto a la protección y seguridad del trabajador, solo unos pocos gremios, como los ferroviarios y municipales, contaban con Cajas de Jubilaciones y Pensiones; las indemnizaciones por accidentes de trabajo eran insuficientes y su cobro dificultoso. La Federación de Empleados de Comercio había logrado la inclusión del derecho a indemnización por despido y a licencia por enfermedad en la forma del Código de Comercio, obteniendo su sanción parlamentaria, pero la ley fue vetada por Justo en 1932 y promulgada recién dos años después (10).

En este marco histórico social se abrió para el sindicalismo un nuevo ciclo. El año 1920 señaló el pico de la organización sindical en el período; las luchas intestinas atomizaron el movimiento sindical en la década del ‘20 y luego de 1930 el clima general de represión y el impacto de los cambios que experimentó el país, se convirtieron en obstáculos para el desarrollo sindical.

Desaparecida la preeminencia combativa del anarquismo, tomó auge la orientación sindicalista reformista y legalista, la que, al concentrarse en la lucha por las reivindicaciones inmediatas, fue dejando de lado, paulatinamente, los fines revolucionarios que postulaba su ideología original, desembocando en un reformismo que solo se diferenciaba del que practicaban los socialistas, por le hecho de que, en lugar de fundarse sobre una posición doctrinaria, emergía de consideraciones puramente pragmáticas. La ideología del “sindicalismo puro”, menos definida y , por lo tanto, mas flexibles que la de las tendencias rivales, permitiría a sus dirigentes moverse con mayor holgadura en un medio saturado de discusiones doctrinarias y de actitudes sectarias, aspirando a encontrar formas mas prácticas y eficaces de organización y de lucha (11).

En 1922, se llevó a cabo un Congreso de Unificación Sindical del cual solo estuvo ausente la F.O.R.A. anarquista. De este Congreso nació la Unión Argentina (U.S.A.), con predominio de los sindicalistas “puros” y con participación socialista y comunista. Por su parte, la F.O.R.A. anarquista (F.O.R.A. del V Congreso) , prosiguió sus actividades, quedando, desde la fundación de la U.S.A., como la única F.O.R.A.

De la acción de varios sindicatos descontentos con la política llevada a cabo por las centrales sindicales existentes, surgió, en 1926, una nueva entidad: la Confederación Obrera Argentina (C.O.A.), producto de una nueva alianza entre el sector del sindicalismo “puro” y socialistas. La C.O.A. agrupaba a Sindicatos como la Unión Ferroviaria y la Federación de Empleados de Comercio, llegando a sumar, en 1930, 130.000 afiliados.

La U.S.A., de tendencia sindicalista, experimentó una sensible disminución, reduciéndose a unos 15.000 miembros. Por su parte, los comunistas formaron, en 1929, una pequeña central: el Comité Nacional de Unidad Sindical Clasista.

(9) – DEL CAMPO, Hugo – Op. Cit.
(10) – DEL CAMPO, Hugo – Op. Cit.
(11) – DEL CAMPO, Hugo – Op. Cit.

El golpe militar de 1930 encontró al sindicalismo atomizado en cuatro centrales: la U.S.A., la C.O.A., el Comité Nacional de Unidad Clasista y la F.O.R.A. Esta fue puesta fuera de la ley y sus fuerzas en la clandestinidad fueron disminuyendo sus efectivos.

“Esta división perjudicaba los intereses de la clase trabajadora, contribuía a disminuir al aún débil poder de negociación de los sindicatos y hasta se manifestaba en la pérdida de representación del socialismo parlamentario, la que quedó reducida a un solo legislador, en 1930″(12)

Tratando de detener la división del movimientos obrero, los sectores del sindicalismo “puro” y del socialismo, impulsaron el proyecto de unificación. Las gestiones, que habían comenzado en 1928, se concentraron en 1930, a poco tiempo de haber asumido el gobierno militar, fusionándose la U.S.A. y la C.O.A.; dando lugar a la creación de la Confederación General del Trabajo (C.G.T.), con preeminencia de la tendencia sindicalista sobre la socialista.

El programa mínimo planteado en 1931 por la C.G.T., fue expresión de las principales necesidades y aspiraciones, de la clase obrera para el período. En estas reivindicaciones se encontraba planteado un cambio táctico en el accionar del movimiento sindical, introduciendo al factor gobierno en las relaciones laborales, en una dimensión mucho mas amplia que la que se había dado hasta ese momento.

“1) Reconociendo los sindicatos. Por el mero hecho de existir, los sindicatos serán considerados como instituciones de bien público, con facultades para vigilar la aplicación de la legislación social.”

“2) Jornada de trabajo y vacaciones. Ocho horas de trabajo para adultos en trabajos diurnos y seis en trabajos nocturnos y en las industrias insalubres. El ciclo semanal será se cinco días como máximo. Vacaciones anuales con goce de sueldo.”

“3) Derecho de vida y seguro social. Salario mínimo fijado periódicamente por comisiones integradas por representantes de los sindicatos obreros y de organizaciones patronales de industria o región. Establecimiento del seguro nacional sobre desocupación, enfermedad, vejez y maternidad.”

“4) Intervención obrera. Intervención y contralor de la organización obrera en diversos organismos del Estado.”

“5) Oficinas de colocación. Supresión de las agencias particulares; las oficinas de colocación serán establecidas por las municipalidades y en su administración tendrán intervención directa los sindicatos.”

“6) Protección a la maternidad. Pensión proporcional al número de hijos menores de 14 años a toda mujer sin marido y sin recursos.”

“7) Defensa de la infancia. Instrucción pública y obligatoria, laica y gratuita, hasta los 14 años, debiendo el Estado proveer también gratuitamente, alimentos, vestidos y los útiles necesarios a la enseñanza.”

“8) Ley 9.688 (Accidentes de Trabajo). Reforma de la ley en estos aspectos: las incapacidades se contarán desde que se produce el accidente. Extensión de la ley a todos los asalariados indistintamente. Aumentar los beneficios de la indemnización parcial al 100% del salario. Elevar las indemnizaciones máximas a $ 15.000,-. Supresión del límite de salario para tener derecho a los beneficios de la ley. Los seguros por accidentes de trabajo estarán a cargo del Estado.”

“9) Estabilidad y escalafón para los trabajadores del Estado y demás entidades de carácter público.”

“10) Carestía de la vida. Fijación de los alquileres rústicos y urbanos con arreglo al valor; construcción de casas económicas para obreros por cuenta del Estado y las municipalidades.”

“11) Derogación de la Ley 4.144.”

FUENTE: DEL CAMPO, Hugo – Op. Cit.

Es también de destacar que, a partir de 1931, el número de huelgas se redujo al mínimo, comparándolo, sobre todo, con los períodos precedentes y llegando a los niveles mas bajos en 1934, debido a varios factores: la incidencia de la desocupación y la represión de que fue objeto el movimiento obrero y el cambio de las tendencias predominantes: declinación del anarquismo, creciente moderación del sindicalismo y la consiguiente propensión de no concurrir a la huelga antes de haber agotado las posibilidades de negación.

·         Actividad Sindical 1930/1940 Número índice 1929 = 100

AÑO HUELGAS
1930 111
1931 38
1932 93
1933 46
1934 37
1935 61
1936 96
1937 73
1938 39
1939 43
1940 47

FUENTE:DEL CAMPO, Hugo – Op. Cit.

·         Movimientos Huelguistas 1907/1939 Promedio anual

PERIODO HUELGAS
1907/1909 162
1910/1914 132
1915/1919 169
1920/1924 116
1925/1929 92
1930/1934 73
1935/1939 71

FUENTE:DEL CAMPO, Hugo – Op. Cit.

Por otra parte, si bien la restauración oligárquica abrigaba pocas simpatías por las reivindicaciones obreras, se mostraba cada vez mas inclinada a intervenir en los conflictos laborales y a controlar el movimiento sindical. La inclinación a buscar apoyo en el poder político para lograr concretar las reivindicaciones gremiales, que se había iniciado durante los gobiernos radicales, no dejó de acentuarse durante esta época, pero, acompañada por una creciente burocratización de las organizaciones sindicales; apareció, entonces, una capa de dirigentes para quienes la vinculación con los factores de poder no era solo un medio para obtener mejoras en sus representados, sino también para conservar su propia posición. El enfrentamiento violento y frontal de los trabajadores del estado, pasó a ser cosa del pasado, junto con la influencia anarquista, la intervención de éste en el campo social, no solo fue universalmente aceptada, sino también insistentemente reclamada (13).

En diciembre de 1935, se produjo una nueva escisión en el movimiento sindical, que llevó a la fractura de la C.G.T.. La Unión ferroviaria, sindicato de orientación socialista y de importante influencia dentro de la C.G.T. por el peso numérico de sus afiliados, se enfrentó, junto con otros gremios, a la Junta Ejecutiva de la C.G.T., quedando concentrada una nueva división sindical, que esta vez asumió, además, características geográficas. El núcleo, que había realizado un verdadero “golpe”, desconociendo a las autoridades de la C.G.T., representadas en la Junta Ejecutiva, se distinguió como C.G.T. calle Independencia; el otro sector, de orientación sindicalista pura, se organizó como C.G.T. de la calle Catamarca, retomando, en 1937, el nombre de Unión Sindical Argentina (U.S.A.).

La mayoría del movimiento obrero, mas de doscientos mil afiliados, se agruparon en la C.G.T. Independencia, convertida luego en la única C.G.T., orientada por los socialistas que recibieron el apoyo de los comunistas, quienes pasaron también a integrar la entidad. Estos últimos, ante el avance del nazismo en Alemania y la consolidación del fascismo en Italia, se planteaba un cambio táctico en su accionar: “el frente popular”. La teoría frentista establecía la necesidad de trabajar unidas con otros sectores políticos y gremiales contra las fuerzas nazi-fascistas.

(13) DEL CAMPO, HugoOp. Cit.

Por su parte, el sindicalismo “puro”, marginado del escenario que tanto tiempo había dominado, no volvería a jugar un papel relevante como tendencia. Sin embargo, la herencia que dejaba no era nada desdeñable: sus constantes esfuerzos por mantener la independencia del movimiento sindical frente a los partidos políticos, que se había transformado, de hecho, en abierta hostilidad hacia socialistas y comunistas, había contribuido a que la inserción de estos en el movimiento obrero, solo se logrará en forma tardía y superficial, y ello fue uno de los factores que facilitaría la tarea del peronismo. Por otra parte, muchas de sus actitudes fueron retomadas por dirigentes de filiación o simpatías socialistas. Finalmente, la idea de una acción política, basada exclusivamente en las organizaciones sindicales será la idea encontrada, en 1945, en la base del Partido Laborista, cuyo Presidente, Luís Gay, fue el último Secretario General de la U.S.A. (14).

La C.G.T., que había comenzado un lento proceso de fortalecimiento, no pudo evitar un nuevo enfrentamiento que llevó a una nueva división. El conflicto surgió en las propias filas socialistas que se dividieron en dos bandos: uno encabezado por el Secretario General de la C.G.T., José Domenech y el otro dirigido por Ángel Borlenghi, Secretario General de los Empleados de Comercio y Francisco Pérez Leirós, Secretario General de lo Obreros Municipales.

En marzo de 1943, la C.G.T. quedó dividida en dos entidades: la C.G.T. N° 1 (Secretario General Domenech) y la C.G.T. N° 2 (Secretario General Pérez Leirós, con el apoyo comunista).

La Principal diferencia radicaba en que los integrantes de la C.G.T. N° 2 aspiraban a que la Central tuviera una participación mas activa en las cuestiones de política nacional e internacional, en forma coordinada con los partidos políticos, mientras que la C.G.T. N° 1 sostenía una actitud “neo-sindicalista” de presidencia política, limitación a las reivindicaciones específicamente gremiales y buena relación con el gobierno, cualquiera que éste fuera.

La revolución militar de 1943 encontrará al movimiento sindical escindido en dos centrales principales (C.G.T. N° 1 y 2), la U.S.A. y grupos de gremios autónomos de varias fuerzas.

Queda en el haber de este período, el hecho que, a pesar de las dificultades que el movimiento obrero tuvo que afrontar (desocupación, represión, divisiones), mostró una tendencia al crecimiento en lo que a organización sindical se refiere.

(14) DEL CAMPO, Hugo Op. Cit.

·         Numero de Afiliados a Organizaciones Sindicales

1936 1937 1939 1940 1941
C.G.T. 262.630 289.393 270.320 311.076 330.581
U.S.A. 25.095 32.111 26.980 23.039 14.543
F.A.C.E.* 8.012 8.079 18.500 18.675 13.550
AUTÓNOMOS 72.834 68.105 120.809 120.038 82.638
INDEFINIDOS (sin ninguna tendencia) 1.398 21.214
TOTALES 369.969

100

418.902

113,23

436.609

118,01

472.609

127,80

441.412

119,31

* Federación de Asociaciones católicas de Empleados (no desarrollaba actividades propiamente sindicales, sino de carácter exclusivamente mutual y agrupaba sobre todo a empleados de Comercio y del Estado).

FUENTE: D.N.T. – Organización Sindical, Asociaciones Obrerasy Patronales, 1941, Buenos Aires, incluido en DEL CAMPO, Hugo – Op. Cit.

Por otra parte, la clase obrera que, en cuanto a tal, crecía numéricamente y en importancia en la estructura productiva, no había encontrado, todavía, una identidad política que le permitiera unificarse y hacer valer su peso como sector social.

Esta entidad la hallaría recién a través del peronismo,

LA CULTURA OBRERA ARGENTINA COMO BASE DE LA TRANSFORMACION SOCIAL

(1890-1940)

Por Emilio J. Corbière (*)

“No es cierto que el socialismo surgirá automáticamente
de la lucha diaria de la clase obrera. El socialismo será
consecuencia de las crecientes contradicciones de la
economía capitalista y la comprensión por parte de la
clase obrera de la inevitabilidad de la supresión de
dichas contradicciones a través de la transformación
social”.

Rosa Luxemburgo
(“Reforma y Revolución”)

RESUMEN: La cultura obrera entre fines del siglo XIX y la mitad del siglo XX constituyó un elemento sustancial de la lucha de clases. Impulsada por anarquistas y socialistas contribuyó a desarrollar la conciencia de los trabajadores, no solo en lo pedagógico sino en la determinación de su propia liberación y del conjunto de los explotados. Sobre las razones de la desaparición de esa cultura popular se han ensayado varias tesis que se expondrán, pero lo cierto es que los partidos revolucionarios y los reformistas abandonaron esa práctica social. En los años sesenta menospreciaron y consideraron anacrónico las redes de universidades obreras, escuelas, sociedades filarmónicas, coros, conjuntos artísticos. El cielo estaba por ser tomado por asalto. Pero ese asalto no se produjo. En cambio, la derrota político-ideológica ha producido consecuencias nefastas. Conocer esa historia, o parte de ella, nos ayudará a refundar el socialismo en la Argentina.

Al perfilarse el siglo XXI resulta de importancia interrogarnos sobre porqué el pensamiento socialista y revolucionario argentino se encuentra en crisis y en una búsqueda política e ideológica que le permita ganar a las grandes masas populares para la transformación de la sociedad.

No solo perdimos batallas políticas y militares en el último cuarto de siglo. También se encuentra en una encrucijada la cultura socialista. Utilizo el término para englobar a todo el pensamiento revolucionario, no reformista ni socialdemócrata. El auge del pensamiento reaccionario, la posmodernidad como ideología del pensamiento único, el desafío oscurantista y el auge de corrientes irracionalistas que acompañan a la globalización capitalista no solo se debe a la fuerza de los enemigos de la clase trabajadora y del pensamiento realmente progresista, sino a falencias notorias de las propias organizaciones y partidos que han heredado las tradiciones socialistas, comunistas y en general, de la izquierda revolucionaria. Estas fuerzas parecen ser incapaces para generar un nuevo proyecto, una nueva fuerza política.

Hay, ante todo, un agotamiento de las organizaciones existentes y urge contribuir a la formación de un nuevo partido revolucionario: la refundación socialista que mire hacia el siglo XXI y no al siglo XIX. Del legado leninista lo que está vigente es la construcción del partido revolucionario, no un movimiento o frente. Para ello, como decía Lenin en el Qué hacer, deberemos unir “la imaginación con la vida”. Esto no está en la cartilla del dogmatismo pero es revolucionario.

¿Porqué la cultura obrera, en todos sus matices, se quebró en nuestro país? ¿Triunfó el ideal o la ideología de la burguesía? Se han ensayado diversas interpretaciones. Para algunos, la crisis de la cultura obrera se produjo por el hecho social del peronismo. Otros explican el fenómeno por el desarrollo, a nivel mundial, del keynesianismo, es decir por las reformas internas del propio capitalismo tras la crisis mundial de 1929, que habría destruido la conciencia en sí de los trabajadores. Hay quienes, también, piensan que el fenómeno estalinista, desarrollado a nivel mundial por la Unión Soviética, cristalizó o paralizó el entramado revolucionario de las fuerzas obreras y del trabajo. También hay quienes consideran que el distribucionismo de las reformas parciales que no afectaron el poder político capitalista, habrían también contribuido a deteriorar y detener la conciencia revolucionaria.

No sería científico buscar solo en elementos externos a la propia izquierda la crisis de la cultura obrera en la Argentina. Hay motivos propios de sobra en materia de sectarismo, aventurerismo, reformismos y voluntarismos varios y no pocas capitulaciones que abonaron el camino de la crisis. Pero el método marxista también exige estudiar todos los elementos de la estructura económico-social y política que sirvieron de marco, algunos de los cuales ya apunté. El debate está abierto. En este trabajo solo señalaré algunos hitos históricos de aquella tradición perdida, que con sus logros y límites, cubrió una época que se remonta a fines del siglo XIX y cuyos lejanos ecos todavía resuenan a fines del XX.

LA EDUCACION Y LA CULTURA POPULAR

Con el auge de la escuela pública y su organización a través de la Ley 1420, una porción de la población pudo acceder a la educación primaria. Sin embargo, los grandes sectores populares -criollos y extranjeros- quedaron marginados de ese proceso o lo vieron acotado. La dura lucha por la vida de los asalariados en los centros urbanos, y muchos más en el interior del país, impidió a los sectores de menores recursos insertarse en el proyecto cultural del patriciado oligárquico

Por eso, hacia fines de siglo, otras formas de educación popular –paralelas a las oficiales- adquirieron especial relevancia en la integración del país: las escuelas y los cursos de los sindicatos obreros y sociedades de resistencia, los centros socialistas y anarquistas, los recreos infantiles, las sociedades y fraternidades, los periódicos y revistas político-ideológicas. Por la doble acción de la escuela pública y de la cultura popular de las clases subalternas, generadas desde la base de la sociedad y alentadas por nuevas concepciones liberadoras, la aluvión inmigratorio se fue integrando al país y el pueblo trabajador adquirió conciencia de sus derechos cívicos y sociales.

Sin embargo, los límites del proyecto cultural de los hombres del 80, se fueron patentizando con el transcurso del tiempo. Ello también alcanzó a lo pedagógico-educativo. Era el resultado de las contradicciones sociales que el proyecto de “popularización” de la educación sufrió al confrontarse con la realidad.

Los hombres de esa generación, literatos como Miguel Cané y Wilde; sociólogos como José María y Francisco Ramos Mejía, Ernesto Quesada y Carlos Octavio Bunge, escritores como Santiago de Estrada y Bartolomé Mitre y Vedia; narradores como Lucio V. Mansilla; políticos como Avellaneda; críticos como Paul Groussac, pertenecían casi todos, por su nacimiento y por sus ideales sociales, a los sectores de la oligarquía y de la burguesía vinculada a ella.

Todos ellos, habían llevado el cultivo de las letras e impulsado el desarrollo de las llamas “ciencias morales”, de las ciencias del hombre, a los más elevados niveles alcanzados en el país, pero sus gestos, sus tendencias y sus ideas no tenían nada de popular.

El desarrollo cultural a fines del siglo XIX y comienzos del XX estaba impregnado del humanismo liberal de la época, pero poseía características propias de nuestro distorsionado desarrollo nacional.

La mayoría de esos hombres eran liberales y laicistas, aun profesando la religión católica, pero muy pocos habían logrado sobrepasar a Sarmiento, cuyo pensamiento los había precedido, y quien, en gran medida, con su fuerza moral e intelectual, y a pesar de sus limitaciones, había abierto el camino de la laicización de la sociedad argentina.

A veces pensaban como librepensadores, pero actuaban casi todos como verdaderos conservadores de ideas antidemocráticas en la política nacional.

No todos ellos, sin embargo, pueden ser calificados de la misma manera. El gran pedagogo Jacques se había acercado a las corrientes democráticas del París revolucionario de 1848, como lo hizo Carlos Guido Spano, en 1871, peleando en las barricadas parisinas. Jacques editó en Buenos Aires, junto a Alejo Peyret, Francisco Bilbao, y Victory y Suárez un periódico socializante denominado El Artesano. Tampoco puede contarse entre esos hombres a José S. Alvarez (Fray Mocho), cuyos cuentos y relatos estaban impregnados de una intensa simpatía por el pueblo oprimido. Ni el Agustín Alvarez de los últimos años, que avizoraba el porvenir de una sociedad igualitaria. Pero eran las excepciones.

Los hombres del 80 reflejaban en la superestructura científica, artística y política los sentimientos y las ideas de la oligarquía liberal muy distintos, sin embargo, de los que poseerá y alentará la clase dirigente pocos años después, cuando renieguen del liberalismo filosófico. Eran contradictorios y representaban el grado de desarrollo de los grupos dominantes, que no constituían de ninguna manera un bloque, sino una unión de sectores diferenciados.

El laicismo forma parte integrante de la tradición democrática argentina pero sus herederos no fueron los que lo generaron, sino los que a través de las clases medias y los trabajadores, lo desarrollarán en un escenario más vasto en el siglo XX.

LOS ANARQUISTAS

Desde mediados del siglo pasado, caras extrañas llegaban a las pampas, uniéndose al contingente de criollos y españoles. En 1854 los inmigrantes extranjeros se distribuían de la siguiente forma: británicos 22.800 (norteamericanos 4000 incluidos); franceses 25.000; italianos 15.000 (incluyendo austríacos y alemanes) y españoles 20.000 (incluyendo vascos, canarios y otros). Hacia 1869 los judíos empiezan a desarrollar su comunidad. De ese año data la primera sinagoga. Las sociedades extranjeras cumplirían un importante papel en la difusión de la cultura popular, y a su amparo nacieron numerosos círculos, centros y escuelas.

En este sentido cumplieron un notable papel algunas organizaciones obreras inmigrantes: el Vorwarts, que nació en 1886, bajo la dirección de A. Uhle; el grupo francés Les Egaux, dirigido por Aquiles Gambier y el de los italianos, llamado Fascio dei laboratorio. Todos esos grupos, paralelamente a la acción política, cumplieron una notable actividad cultural. Los tres publicaron periódicos esmeradamente escritos en sus idiomas nativos: el de los alemanes tomó el nombre de la organización; el de los franceses se llamó L’Avenir Social y el de los italianos La Rivendicazione.

En el campo político, el grupo alemán pasó rápidamente a auspiciar un periódico socialista en castellano: El Obrero. Si bien éste periódico apareció como órgano de la Federación Obrera –tras celebrarse por primera vez en la Argentina, el 1º de Mayo, en 1890- es indudable que el grupo alemán, en esos años dirigido por un núcleo de socialdemócratas emigrados, tuvo un papel fundamental. Entre ellos se destacaron Germán Ave Lallemant, José Winiger, Gustavo Nocke, Guillermo Schulze, Marcelo Jackel, Guillermo Müller y Augusto Kühn. La prédica de El Obrero rindió sus frutos y pocos años después, núcleos socialistas locales publicarían sus órganos de prensa El Socialista (1893) y La Vanguardia (1894).

En la última década del siglo, las publicaciones anarquistas, socialistas y de otras tendencias afines especialmente en el campo sindical- eran más de un centenar y se editaban casi todas en castellano, abarcando distintas zonas del país.

En estas publicaciones millares de trabajadores criollos y extranjeros aprendieron a conocer el mundo, las grandes doctrinas sociales y las distintas corrientes filosóficas, literarias y políticas.

Con la llegada de Enrique Malatesta a Buenos Aires, los dispersos anarquistas se polarizaron a su alrededor creciendo rápidamente. El 18 de mayo de 1890 nacía El Perseguido, principal publicación del anarquismo individualista durante muchos años. El título reflejaba las persecuciones policiales que sufrían los elementos libertarios. Periódico de combate y de agitación, El Perseguido, a pesar de ser poco afecto a la cohesión y organización de las fuerzas libertarias –según dice Abad de Santillán-, su obra de siembra y esfuerzos dio sus frutos. Al editarse el Nº 26 se imprimieron 1700 ejemplares y a partir del Nº 60, 4000.

Posteriormente, los ácratas individualistas serían superados por los partidarios de Bakunin, llamados anarquistas “organizadores o colectivistas”. Su órgano de prensa sería el legendario periódico La Protesta Humana. Apareció el 13 de junio de 1897, dirigido por el obrero ebanista catalán Inglán Lafarga, y en sus páginas colaborarían plumas talentosas como las de Mariano Cortés, Eduardo G. Gilimón, Pedro Gori, Antonio Pellicer Paraire, Juan Creaghe, Alberto Ghiraldo, Florencio Sánchez, José de Maturana, Diego Abad de Santillán y Rodolfo González Pacheco.

La Protesta Humana, poco después La Protesta, editó a partir de 1908 un suplemento especial con material literario y político-ideológico elegido. El alto nivel intelectual del suplemento lo destaca especialmente en esta valoración de los distintos órganos culturales de difusión popular.

LOS GRUPOS SOCIALISTAS

Pero serían los socialistas quienes iban a protagonizar desde los últimos años del siglo XIX el más importante proyecto de cultura popular en el país. Por eso resulta de interés apreciar su desarrollo en los años finiseculares para comprender las características de su aporte a la política y la educación nacional.

El Comité Internacional Obrero, organizador del acto del 1º de Mayo de 1890, se transformó en Federación Obrera en enero de 1891. Al realizarse el primer Congreso de la Federación el 14 de agosto del mismo año, las tendencias socialistas y anarquistas de la sociedad de panaderos se retiraron del congreso.

A pesar de que los socialistas marxistas mantuvieron los dos primeros años el control de la Federación y de la dirección de El Obrero, la actividad de los anarco-individualistas, contrarios a toda organización y política de las clases trabajadoras, minó poco a poco la entidad. Los anarquistas sabotearon las reuniones y sus organizaciones dejaron de cotizar desconociendo la dirección de la Federación. Otro intento de agrupamiento de los trabajadores, ensayado por los años 1894 y 1895, también fracasó. Las luchas de tendencias fueron un escollo insalvable para la incipiente organización de los obreros como movimiento independiente de clase.

Esta situación hizo que los socialistas comenzaran a trabajar como fracción política autónoma. El 14 de diciembre de 1892, en el Café de la Cruz Blanca, calle Cuyo (hoy Sarmiento) entre Montevideo y Rodríguez Peña, fundaron la Agrupación Socialista, que llevó el nombre de “Partido Obrero, sección Buenos Aires.”

El grupo comenzó a editar El Socialista -que llegó a seis números- y sus afiliados aumentaron a cincuenta. Al año siguiente recibieron las adhesiones de personalidades como Juan B. Justo, José Prat, Domingo y Santiago Risso, y Adrián Patroni.

El 14 de julio de 1894 la Agrupaci6n inauguró su primer local en la calle Chile 959, resolviéndose cambiar el nombre por el de Centro Socialista Obrero. Ese año ingresaron Roberto J. Payró, Ernesto de la Cárcova, Eduardo Schiaffino, Gabriel Abad, Salvador Lotito, Ricardo y Francisco Cardala, José A. Lebrón y Emilio Roqué.

En agosto de 1894 el Centro se dio una Carta Orgánica en cuyos “Principios” estableció “difundirla verdad económica y social” por medio de la labor propagandística y favorecer por todos los medios la organización gremial de la clase trabajadora. Tres años después -el 29 de agosto de 1897- fundado el Partido Socialista, el Centro se trasladó a la calle México 2070 casa construida especialmente por el socialista alemán Cristián Haupt. Durante la inauguración hablaron Juan B. Justo, Carlos Malagarriga, José Ingenieros, Alejandro Mantecón y Leopoldo Lugones. Actualmente esa casa existe y es sede de la Unión Obrera Molinera.

Poco a poco se fueron constituyendo otros grupos socialistas y marxistas alentados por la prédica constante de la prensa socialista. En 1893, Juan B. Justo junto a Esteban Jiménez, Kuhn, Salomó y Juan Fernández fundaron La Vanguardia, cuyo primer número apareció el 7 de abril de 1894. Dos años después, Julián Nicolás comenzó a editar en Rosario El Porvenir Social.

Los centros socialistas se extendieron por los barrios porteños y el interior del país. En 1894 son fundados el Centro Socialista Universitario y el de Bahía Blanca; en la popular barriada de Barracas nace el precursor Centro Socialista Revolucionario de Barracas al Norte (lo de junio de 1895) y en el mismo año se organizan los centros socialistas de Balvanera, Quilmes, Tucumán, Tolosa, el Centro Socialista “Carlos Marx” de los Corrales, el Centro Socialista Obrero Internacional de Córdoba y el Club Alemán “Vorwarts” de Rosario.

Al año siguiente se establecieron los centros socialistas de la Parroquia del Pilar, San Antonio de Areco, San Bernardo, Junín, San Fernando y Tigre, el Centro Unión Gremial 0brera Socialista de Paraná y el Centro Socialista de Estudios. Sobre este último corresponde hablar ahora.

EL CENTRO SOCIALISTA DE ESTUDIOS

El grupo de intelectuales afiliado al Partido Socialista -Ingenieros, Payró, Lugones, Malagarriga, de la Cárcova, Schiaffino- cumpliría un papel fundamental en la organización de los primeros centros culturales obreros.

El 18 de mayo de 1896, un grupo de socialistas se reunió en la casa de Roberto J. Payró -Sarmiento 1044- para organizar el Centro Socialista de Estudios. La comisión directiva quedó constituida de la siguiente forma: secretario, Roberto J. Payró; bibliotecario, Leopoldo Lugones; cajero Antonino Piñeiro. Como contribución para sufragar los gastos se estableció una cuota mensual de 5 pesos.

Poco tiempo después, el centro se instaló en una salita confortable y bien amueblada, en San Martín 119. En junio se iniciaron las conferencias, cuyo sugestivo programa inicial publicó La Vanguardia: “Del método científico”, por Juan B. Justo; “De las relaciones de la biología con la sociología”, también por Justo; “Las relaciones de la psicología”, por Payró; “De la concepción económica de la historia”, por Justo; “Teoría de las religiones y de la moral”, por Emilio Roqué; “Estudio de lo escrito hasta ahora en el país sobre sociología científica”, por José A. Lebrón.

LA BIBLIOTECA OBRERA Y LA ESCUELA LIBRE PARA TRABAJADORES

El 25 de setiembre de 1897 se reunió un grupo de socialistas en México 2070 y constituyeron la Biblioteca Obrera. Estuvieron presentes Juan B. Justo, Payr6, Lugones, Carlos Malagarriga, Ingenieros y Enrique Dickmann. Designaron como responsables de la institución a Emilio Roqué, Mauricio Klimann y N. Chertkoff.

Instalada en una de las salas del local de la calle México, pas6 más tarde, a fin de hacer ampliaciones, al piso alto, en donde adquirió mayor desarrollo, mejoró su caudal bibliográfico y ordenó sus catálogos, gracias a la paciente labor de Fernando Lanzola. Cuando la biblioteca pas6 a funcionar en la Casa del Pueblo, a fines de los años 20, contaba con más de 25.000 volúmenes. En 1953, al ser incendiada la Casa del Pueblo -que se encontraba ubicada en Rivadavia 2150- se perdió la mayor parte de su fondo bibliográfico y con él, una parte considerable de la historia del movimiento obrero argentino y latinoamericano. Reconstruida sobre la base de algunos libros que se salvaron de las llamas y donaciones de particulares, la institución se encuentra instalada actualmente en avenida La Plata 85, en Buenos Aires.

Pero no se trataba sólo de acumular libros. El proyecto cultural socialista tenía una concepción dinámica. Por eso, a comienzos de 1897 se concreta la idea de constituir la Escuela Libre para Trabajadores. Fue organizada por el Centro Socialista Obrero y sus estatutos redactados por Juan B. Justo. Los dos primeros artículos del estatuto decían que la Escuela Libre para Trabajadores tenía por objeto difundir las doctrinas y métodos científicos elementales que dieran amplitud y vigor a la inteligencia y los procedimientos artísticos (literatura, educación, música, etc.) más eficaces para expresar los sentimientos y las ideas y señalaba que la enseñanza que en ella se diera debía ser gratuita y abierta para todos. En la escuela dieron clases Justo, Emilio Roqué (padre e hijo), Malagarriga, Marouillier Raven, Mariana y Fenia Chertkoff, Klimann, Lebrón y otros.

LA “SOCIEDAD LUZ”

A comienzos de 1899 el estudiante de ingeniería Mauricio Klimann inició los trabajos para organizar una institución cultural destinada a la enseñanza con proyecciones luminosas, que por aquella época comenzaban a estar en boga en Europa.

El doctor Juan B. Justo acogió con simpatía la idea que se concretó durante una reunión celebrada en el Centro Socialista de la calle México, a la que concurrieron cuatro personas: Justo, Piñeiro, Klimann y Angel M. Giménez. Este último sería el motor de la nueva institución. Provenía de una familia burguesa y parte de su fortuna personal la dedicaría a las obras culturales del Partido Socialista y a la propia “Sociedad Luz”. Giménez era un positivista y racionalista darwiniano. De formación científica, en su profesión de médico se dedicó a los grandes temas sociales. A él se debe el impulso racionalista de la “Sociedad Luz” y también algunas de las que hoy parecen extravagantes actitudes del socialismo argentino en esta materia.

El darwinismo social -que predicaba Giménez- era una concepción totalizadora que comprendía la explicación del hombre y de la historia como la lucha entre las razas, entre las naciones, entre las clases y entre los individuos. Para el darwinismo, la economía política era una aplicación a la especie humana de las leyes biológicas que regían la lucha por la vida en todas las sociedades animales. Es decir, que las sociedades humanas evolucionan dentro de leyes biológicas especiales, que son las leyes económicas.

Unido a esa concepción darwinista y al positivismo, el socialismo de Angel M. Giménez concluía con una visión iluminista y abstracta de la sociedad. Por cierto que ese positivismo nada tenía que ve e socialismo de Marx y Engels. Para Giménez, la fórmula de “educar al soberano” adquiría un aspecto militante, desvinculado de la lucha social concreta. En ese sentido, Juan Carlos Portantiero señala con acierto: “Por cierto que esta notable -diría inspirada, como realización ‘desde abajo’- capacidad organizativa de los socialistas por penetrar en la cultura popular estaba viciada por una concepción ‘pedagógica’ que habría de limitar su eficacia; al despreciar -a diferencia del anarquismo y del radicalismo- los resortes emocionales, maniqueos, de la comunicación, su mensaje no pudo ser sino finalmente elitista”.

Con todo, la obra desarrollada por Giménez en el campo de la cultura popular fue notable. Los grandes sectores populares -inmigrantes y criollos- fueron saturados por campañas antialcohólicas y de educación sexual, con obras de la literatura universal, científicas, políticas, por pocas monedas. Hoy, todo aquello parece extravagante, pero fue notable el impacto de esa actividad destinada a la educación sanitaria. Los bajos índices de alcoholismo y de otras enfermedades sociales en los grandes centros urbanos de nuestro país parecerían indicar que aquella prédica rindió sus frutos.

EL ATENEO POPULAR

Otro centro cultural de alta jerarquía científica y política fue el Ateneo Popular, dirigido por Enrique del Valle lberlucea y en cuya secretaría se desempeñaba Alicia Moreau.

La institución -en una primera etapa- estuvo vinculada al Partido Socialista y publicaba la Revista Socialista Internacional. Allí se incluyeron, entre 1908 y 1915, importantes trabajos doctrinarios, filosóficos, políticos y económicos sobre el pensamiento socialista. En sus primeros números, la revista se hizo eco de la polémica que habían sostenido el italiano Enrique Ferri y el líder del socialismo argentino, Juan B – Justo. Del Valle Iberlucea y otros pensadores socialistas terciaron en la discusión -un debate clave para la comprensión del desarrollo económico-social argentino- y se fueron publicando en sucesivos números las distintas interpretaciones.

El italiano Ferri había sostenido que el socialismo argentino era un trasplante de la social democracia europea a nuestro país. Le parecía a Ferri que los socialistas habían importado el movimiento político desde Europa, ya que no existían a su juicio condiciones económico-sociales de tipo industrial y una clase trabajadora que diera vida a un Partido Socialista.

Para Ferri, el socialismo sólo correspondía a un estadio en la evolución de las sociedades humanas y por lo tanto se producía en los países capitalistas más avanzados.

Esto era el ABC que predicaban algunos marxistas ortodoxos como Carlos Kautzky. Sin gran desarrollo capitalista, sin gran industria y una numerosa clase obrera no se podría realizar el socialismo. En nombre de la ortodoxia doctrinaria se negaba la existencia del socialismo argentino, que era la “planta exótica” en el Río de la Plata.

Si en nombre de un socialismo dogmatizado Ferri negaba existencia al socialismo en la Argentina, tanto Justo como del Valle lberlucea lo refutaron. Porque la democracia dejaba de ser un régimen que debía durar décadas, para surgir entonces las consignas socialistas. Esas consignas irían a la par. El socialismo rioplatense advirtió el proceso y de allí su razón de ser y su justificación histórica para Justo y sus seguidores.

El Ateneo Popular liderado por Enrique del Valle lberlucea y Alicia Moreau cumplió un inteligente papel de gestor de cultura popular: conferencias, reuniones de divulgación debates. El núcleo fue ampliando sus colaboradores y se acercaron algunos intelectuales no socialistas: Joaquín V. González y Agustín Alvarez, entre otros. La revista cambió su nombre, denominándose Humanidad Nueva. Pero su espíritu fue el mismo: un socialismo abierto y creador, en donde se incluían trabajos de otros intelectuales progresistas.

LAS BIBLIOTECAS OBRERAS

La preocupación de los dirigentes y militantes socialistas por la cultura popular fue permanente y cada vez que un centro socialista se constituía la biblioteca era uno de los primeros aspectos en cubrir.

Algunas alcanzaron, por el número y calidad de obras reunidas, así como por el movimiento de lectores -en su mayoría obreros y empleados- especial importancia. Deben destacarse la Biblioteca Edmundo de Amicis, del Centro Socialista de la sección 4ª.; la Alberto de Diego, de la 8a., y la Mariana Chertkoff, de la 6a. En el interior, en localidades pequeñas, los socialistas tenían en ese terreno un campo grande de actividad y fue así como los Centros Socialistas de Resistencia (Chaco), Santiago del Estero y el de Junín (provincia de Buenos Aires) poseían espléndidas bibliotecas con millares de volúmenes confortablemente instaladas en las Casas del Pueblo. Todavía existe la de Junín, actualmente denominada Juan Bautista Alberdi. Está ubicada en el centro de la ciudad bonaerense y reúne numerosas obras dedicadas al pensamiento social y obrero.

Resulta de interés consignar un cuadro completo de las bibliotecas obreras del Partido Socialista, al 31 de marzo de 1932. El dato fue publicado en el libro Nuestras bibliotecas obreras de Angel M. Giménez, que su vez lo extrajo de los boletines internos del Partido Socialista. Cabe consignar que esas bibliotecas reunían entre 3000 y 6000 volúmenes cada una.

Bibliotecas

Capital Federal ………………………………………….. 56
Provincia de Buenos Aires…………………………….180
Catamarca………………………………………………….. 4
Córdoba……………………………………………………. 26
Corrientes…………………………………………………… 5
Entre Ríos………………………………………………….. 10
Jujuy…………………………………………………………. 1
La Rioja …………………………………………… 4
Mendoza……………………………………………………. 23
Salta ………………………………………………………… 23
San Juan………………………………………………….. . 14
San Luis…………………………………………………… 3
Santa Fe……………………………………………………. 29
Santiago del Estero. …………………………. 7
Tucumán…………………………………………………… 12

En los entonces Territorios Nacionales:

Chaco……………………………………………………….. 3
La Pampa………………………………………………….. 14
Misiones……………………………………………………. 1
Neuquén……………………………………………………. 1
Santa Cruz…………………………………………………. 1
Río Negro………………………………………………….. 1

Total 397

Si tenemos en cuenta que las 397 bibliotecas, en la mayoría de los casos, reflejaban los centros socialistas (no se cuentan las agrupaciones colaterales, juveniles, de mujeres, de oficios y los centros socialistas que no poseían biblioteca) se demuestra, además, que el Partido Socialista estaba extendido a lo largo y ancho del país, y que no era un mero fenómeno urbano y porteño, como se ha sostenido. Hay que tener en cuenta que tampoco cuento aquí los centros, bibliotecas y escuelas libres de los anarquistas y sindicalistas revolucionarios.

EL MOVIMIENTO FEMINISTA. LOS RECREOS INFANTILES

En 1931, a iniciativa de Fenia Chertkoff de Repetto y María C. de Spada se constituyó una asociación denominada Bibliotecas y Recreos Infantiles. Sus propósitos eran claros y precisos y llenaron una necesidad social.

En sus principios liminares la institución establecía la necesidad de “sustraer a los niños de los barrios populosos de la capital de la calle y sus peligros físicos y morales, ofreciéndoles, en cambio bajo la dirección de una persona competente, una ocupación inteligentemente escogida, por medio de libros, láminas, juguetes, juegos racionales y ejercicios físicos, cantos, paseos de estudios y labores manuales.”

La propuesta, autónoma en su acción, recibió el estímulo y el calor del Partido Socialista. El primer recreo fue abierto en la Biblioteca Mariana Chertkoff de la 6a., el segundo en la Sociedad Luz. Cooperaban, entre otras, Adela Chertkoff de Dickmann, Rosa B. de Mouchet, Victoria Gucovsky, Amelia Testa, Teresa Raquel Varela, Angela J. Santa Cruz y María Cervini. Para esa época contaban con 9 recreos infantiles: un anexo al Centro Socialista de la Sección 19a., en Austria 2156, el de la “Sociedad Luz” (denominado “Bichitos de Luz”), y otros seis, llamados Bernardino Rivadavia, Florentino Ameghino, Domingo Faustino Sarmiento, A. Arienti, Mariana Chertkoff y Aurora.

Luego fue creada la Biblioteca y Hogar de Vacaciones Carlos Spada (hijo) que era un recreo infantil en Justo Daract (Provincia de Buenos Aires).

Fenia Chertkoff fue una destacada feminista que en 1902 abrió el Centro Socialista Femenino. Desde allí batalló contra la explotación legal, social y sexual de la mujer, especialmente de las trabajadoras. Sirvió de base esa organización para que otras luchadoras comenzaran en nuestro medio la agitación feminista.

Pionera, en esa actividad, fue la doctora Alicia Moreau de Justo. Tras militar en el primer centro feminista, contribuyó a fundar en 1907 el Comité Pro-sufragio Femenino. Con ella figuraron Elvira Rawson de Dellepiane, Sara Justo y Julieta Lanteri.

LA CULTURA ARTÍSTICA: MÚSICA, COROS Y TEATRO

En el anhelo de realizar obras prácticas, los socialistas trataron de desarrollar aspectos de la cultura artística, abarcando la música, los coros y el teatro. El l° de Mayo de 1896 se cantó por primera vez en Buenos Aires el “Himno de los Trabajadores” de Felipe Turati y la canción proletaria “Hijo del Pueblo” de Carratalá Ramos.

Ese día, en una quinta abandonada de la calle Arena, en los mataderos viejos (hoy Parque de los Patricíos), fue celebrada la fecha obrera con un asado con cuero y a voz en cuello, con bastante desafinación, pero con mucho entusiasmo, fueron entonados los himnos proletarios, con acompañamiento musical improvisado.

A la noche, en el Club Vorwarts, la primera banda-orquestilla, dirigida por el estudiante socialista Adolfo Fernández que tocaba el piano, los hermanos Curet y otros iniciaron el acto con los primeros compases y el coro ya fogueado, entusiasmado por el éxito de la tarde, entonó los himnos en medio de grandes admiraciones.

Desde esa fecha, las bandas y orquestas socialistas se hicieron presentes en todas las grandes reuniones, especialmente al conmemorarse el Día del Trabajo. Todavía en los años cincuenta, las orquestas populares socialistas acudían a esas festividades. Y con esas orquestas, también los guitarristas y payadores socialistas. Algunos ya han entrado en la leyenda, como el guitarrista y payador de San Nicolás de los Arroyos, Pedro González Porcel.

Con el paso del tiempo los coros y orquestas se fueron dando una organizaci6n, como también los conjuntos teatrales. Así nació la Agrupación Artística Socialista “Juan B. Justo”, y posteriormente, el Teatro Libre “Florencio Sánchez”. Este último estuvo ubicado, hasta hace pocos años, en el viejo Centro Socialista de la sección 8a., Loria 1194. Esa casona había sido el cuartel general de los huelguistas durante la Semana Trágica de 1919 y fue incendiada durante la última dictadura militar.

Muchos grandes artistas de los teatros nacionales iniciaron sus primeros pasos en los conjuntos dramáticos organizados por los teatros socialistas.

Después de 1917, el sector encabezado por José F. Penelón, Juan Ferlini y Rodolfo Ghioldi se separó del P.S. y constituyó el Partido Socialista Internacional, que tres años más tarde se transformó en Partido Comunista. A ese sector, y a su líder indiscutido entre 1917 y 1926, el obrero tipógrafo José F. Penelón, se deben algunas publicaciones de importancia: el semanario La Internacional y La Correspondencia Sudamericana de las cuales fue director por varios años. Paralelamente, Simón Scheimberg y Aldo Pechini editaron Documentos del Progreso, con toda la información posible procedente de la Rusia soviética.

Los comunistas se dedicaron fundamentalmente a la propaganda política, desentendiéndose de la faena que el P.S. realizaba en torno a la cultura popular. Pero en 1921 editaron una revista infantil, denominada Compañerito que significó una competencia para el liberal Billiken de Constancio C. Vigil. La censura cayó rápidamente sobre la publicación que desapareció.

Paralelamente, José Ingenieros fundó en 1915 la ya mencionada editorial “La Cultura Argentina”, formidable esfuerzo por poner al alcance de amplios sectores de la población los clásicos argentinos. En 1922, Antonio Zamora dio vida a su Editorial “Claridad.” -durante medio siglo- y a la revista homónima. Con ella, la literatura nacional y universal, pudo difundirse con carácter masivo a través de ediciones de libros a precios económicos.

Estos fueron algunos de los momentos de la cultura obrera entre 1890 y 1940. No entro a considerar la cultura peronista y la que generaron otras corrientes en el país. El abandono o la falta de actualización por parte de los partidos de izquierda de estas tradiciones culturales sumados al fenómeno de masas del peronismo, debilitó la conciencia de clase y la concepción de una nueva sociedad. Ya no se luchaba por un nuevo sistema socialista sino por las reformas sociales dentro del capitalismo, como diría con ironía Federico Engels, por un “capitalismo sin sus defectos”. Aun los sectores reformistas, en la primera mitad del siglo, mantuvieron aquella visión teleológica que pugnaba “por una nueva sociedad socialista” Los partidos de izquierda no supieron conservar aquella lucha cultural y desarrollarla en los nuevos escenarios o la rechazaron por considerarla anacrónica. Olvidaron o ignoraron las premisas de Antonio Gramsci sobre la lucha cultural. Los resultados de esa política errónea están a la vista.

(*) Periodista, escritor, Director de la Fundación Juan B. Justo.

Bibliografía

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EL ANARQUISMO ARGENTINO

En América latina, donde mayor influencia y peso político adquirió el anarquismo fue aquí en Argentina. Nació la única organización obrera que se calificó a sí misma de anarquista, la FORA Floreció también un diario anarquista, órgano de la FORA, “La Protesta”, que además constituyó una de las mejores bibliotecas de ediciones existente en el mundo a fines y principios de siglo. Max Nettlau publicó en La Protesta diferentes obras de historia y empezaron a editarse las obras completas de Bakunin en español. También deberemos recordar las huelgas patagónicas producidas entre 1921 y 1923, por los sindicatos de resistencia y de oficios varios al sur de nuestro país. Mencionaremos a la FACA (Federación Anarco-Comunista Argentina), de 1935 y a Resistencia Libertaria como experiencia política más cercana en los años ´70.

Pero, decíamos al principio, los inicios del anarquismo argentino, se deberían situar con la llegada del italiano Errico Malatesta a Buenos Aires, entre los meses de febrero y marzo de 1885. Después de una fuga novelesca, perseguido por las autoridades italianas y la policía de todo el continente europeo, el anarquista más representativo durante varias décadas en Italia y Argentina, había dejado atrás sus 32 años y reeditaba La Questione Sociale, en versión bilingüe.

Tan pronto se radicó en Buenos Aires, instala una imprenta, donde se publican folletos y manifiestos de propaganda, y se apura a reanudar la publicación de una nueva serie de este semanario que había iniciado en Florencia entre diciembre de 1883 y agosto de 1884. Luis Fabbri, su biógrafo, noticia así: La emigración de Malatesta a América del Sur tuvo que ser concertada con algunos otros compañeros, entre ellos Agerone Natta. Él y Malatesta instalaron un taller mecánico, y Malatesta reinició el trabajo de propaganda, ya en medio de los numerosos obreros emigrados, ya entre el elemento nativo con cuyo idioma se familiarizó pronto. El primer periódico libertario del país, del cual no salieron más de diez o doce números que se publicaron en las semanas de agosto de 1885 y en las pocas precedentes y siguientes, estaba lleno se cuestionamientos y discusiones locales, y no adquirió la importancia de su homónimo florentino, del cual reprodujo algunos de sus artículos más destacados.

Habrá que convenir que la llegada de Malatesta al país y su estadía de tres años y medio aproximadamente, marca la iniciación de una activa difusión, por primera vez, de las ideas anarquistas en el ambiente obrero. Organizando el primer sindicato de resistencia; el de panaderos, divulgó por medio de conferencias y escritos, que él mismo editaba, los textos fundamentales de la problemática socialista, tan conocidos en Europa. Errico Malatesta inicia así, las primeras jugadas de una partida que tendría resonancia y repercusión creciente durante medio siglo.

Centenares de publicaciones libertarias harán su aparición. Hasta las mujeres anarquistas tendrán su voz: Hastiadas ya de tanto llanto, hastiadas del eterno y desconsolador cuadro que nos ofrecen nuestros hijos, los tiernos pedazos de nuestro corazón, hastiadas de pedir y suplicar, de ser juguetes, el objeto de los placeres de nuestros infames explotadores o de viles esposos, hemos decidido levantar nuestra voz en el concierto social y exigir, nuestra parte de placeres en el banquete de la vida. Así La Voz de la Mujer, periódico Comunista-Anárquico, aparece cuando puede y por suscripción voluntaria, primer número: 8 de enero de 1896. Insistencia: Nosotras creemos que en la actual sociedad nada ni nadie es más desgraciada que la infeliz mujer. El primero de enero, acaso último número, celebra su año de apariciones aproximadamente mensuales: … el único periódico de América y tal vez del mundo entero que hace propaganda de nuestros ideales por mujeres y especialmente para ellas.

El proceso de asentamiento en cuanto a la difusión de las ideas libertarias, tendrá su máximo auge el 13 de junio de 1897 con el nacimiento de una publicación que hasta el día de hoy sigue existiendo; La Protesta Humana (actualmente La Protesta).

El ambiente político de la Argentina al nacer el siglo XX es muy diferente al de los años anteriores. Las asociaciones obreras se han multiplicado, las huelgas involucran a miles de trabajadores, las dos tendencias fundamentales que militan en el ambiente obrero, anarquistas y socialistas (de partido), experimentan un notable crecimiento. Contrapuesto a este despertar, la clase dirigente continúa en su postura intransigente, antidemocrática y despreciativa de la cuestión social, no sabe utilizar una política que aminore los conflictos sociales: el radicalismo, luego de su fracaso en 1893, se ha llamado a un largo silencio que sólo romperá, súbitamente, en 1905.

El anarquismo durante toda la década del ´90 es víctima de sus tendencias a la dispersión. Proliferan las publicaciones y los grupos, pero no se supera la atomización organizativa. Sin embargo hacia fines de siglo Pietro Gori y Pellicer Paraire, dos destacados anarquistas, plantearán la necesidad de militar en el seno de las organizaciones obreras y, a la vez, la necesidad de estas asociaciones de conectarse y trabajar unificadamente. Producto de este empuje es que se constituirá la Federación Obrera Argentina en 1091(después cambiará de nombre: F.O.R.A. (Federación Obrera regional Argentina).

LA FORA: ORIGEN Y DESARROLLO

El 25 de mayo de 1901 se reunieron en Congreso Obrero 15 Sociedades de Resistencia de Capital Federal y 12 del interior para fundar la FOA (Federación Obrera Argentina), primer Central del Movimiento Obrero Organizado en la Argentina. Por un momento, socialistas y anarquistas se unieron y conciliaron sus diferencias para confluir en una federación obrera que unificara y coordinara las diversas y fragmentadas luchas que, desde 20 años, se venían desarrollando contra la avanzada oligárquica patronal.

No fue fácil conciliar posiciones entre los anarquistas, partidarios de la acción directa y con una radical crítica al Capitalismo y sus instituciones; con los socialistas, que avalaban y participaban en la lucha electoral democrático burguesa con un tono mucho más moderado y reformista. Al convocarse el II Congreso de 1902 estalló la crisis, y la fracción socialista (minoritaria) se separa de la FOA y funda la UGT (Unión General de los Trabajadores), dando inicio a una larga historia de desencuentros de tendencias, restándole coordinación y fortaleza al Movimiento Obrero.

De todas maneras la FOA (ya únicamente con componente libertario) logra hacer pié firme en la clase trabajadora, duplicando año tras año su masa de afiliados y su influencia en otros sectores de la clase no sindicalizada, sumando hacia 1910 (en su VIII Congreso) la suma de casi 100.000 afiliados, más del 30% de los trabajadores en actividad. En el IV Congreso de 1904, haciendo ostensible el predominio anarquista, la FOA modifica sus siglas por el de FORA (Federación Obrera Regional Argentina), dando una muestra de un claro internacionalismo proletario.

En el  Vº Congreso se votará una resolución polémica que abriría aguas en el movimiento sindical nacional e internacional. El punto decía …se aprueba y recomienda a todos sus adherentes la propaganda más amplia en el sentido de inculcar a los obreros los principios económicos filosóficos del Comunismo Anárquico …. Esta resolución revolucionaria y finalista pero poco constructiva y sectaria en relación a la unidad y autonomía de la clase obrera, ensanchó las discrepancias con la UGT e, incluso, con algunos sectores anarquistas disidentes, fracasando uno a uno los intentos de fusión en los diversos congresos de unidad que por esos años se desarrollaron. Así quedaron dos FORA: la del Vº Congreso y la del IXº Congreso. La primera de tendencia anarcosindicalista, pero con grandes tintes policlasistas, (quedará etiquetada como la revolucionaria por su radicalización), pregonará la ideologización del sindicalismo, mientras que la segunda sin tantas apetencias ideológicas, y un poco más clasista, tenderá más a la unidad del conjunto de la clase obrera. Es evidente que las diferencias al interior de la FORA eran tácticas e ideológicas. Lo que sí vamos a decir (y destacaremos más adelante), la inexistencia de una organización política anarquista dificultó aún más el desenvolvimiento político de los procesos sociales por la cual, las distintas federaciones no supieron dar respuestas.

De todas formas hay que destacar que la FORA anarquista hegemonizará completamente al movimiento obrero hasta finales de la década del 1910, cuando irrumpe una tercera corriente, el sindicalismo revolucionario, que compartía la mayoría de las tácticas políticas y filosóficas de la FORA (acción directa, antiparlamentarismo, anticapitalismo), pero que sostenía por encima de partidismos la unidad y autonomía de la clase obrera, sin definiciones finalistas, que excluyeran a sectores independientes o de distinto signo ideológico.

De todas maneras la FORA seguirá protagonizando en las décadas siguientes grandes y épicas luchas con una gran influencia popular; caracterizándose por su consecuencia revolucionaria y clasista, tanto en los conflictos reivindicativos económicos como en los reclamos políticos.

La constitución de una Federación unitaria potenció notablemente la capacidad y el espíritu de lucha de los distintos sindicatos existentes. Un símbolo de esto es que en Agosto de 1901 (apenas tres meses después de la fundación de la Central) se declara el primer boicot y sabotaje contra una empresa en conflicto, y en 1902 se llama a la primer huelga general organizada. Los conflictos y disputas gremiales se duplican en línea ascendente, cada vez con mayor radicalidad y violencia.

En 1902 el Gobierno responderá sancionando la Ley de Residencia, por la cual podrían ser deportados a su país de origen, los extranjeros que perturbaran el orden social. Fue un duro golpe contra los sectores más dinámicos de la militancia obrera, ya que los principales cuadros eran avezados inmigrantes (principalmente españoles e italianos) con una amplia experiencia en los movimientos obreros europeos. Esto posibilitó, sin embargo, un recambio natural en la composición de la militancia obrera, incorporándose amplios sectores de trabajadores criollos.

Durante los años posteriores se libraran grandes y masivas luchas. El reclamo por las 8 hs de trabajo, la huelga de los inquilinos (en 1907), las jornadas durante los 1 de Mayo, convertidas en furiosos días de protesta y agitación, que desencadenaron salvajes represiones policiales (como en la Semana Roja de 1909). Luego se sucedieron las luchas durante el Centenario de 1910 y contra la represiva Ley de Defensa Social, la Semana Trágica de 1919, las campañas por la libertad de los cientos de deportados y presos gremiales y políticos, las luchas por el descanso dominical y por mejores condiciones de salario, seguridad e higiene, y de los establecimientos fabriles.

En los años ´20 se sucederán cuatro hechos que movilizarán a cientos de miles: la Huelga General de 1921 (una de las más activas y violentas de nuestra historia) ; la huelga y posterior represión en los quebracheros misioneros de los mensúes de La Forestal; las jornadas de agitación por la libertad en EE.UU. de los anarquistas italianos Sacco y Vanzetti y por Simón Radowitzky ( preso durante 20 años por ajusticiar en 1909 al Coronel Ramón L. Falcón, jefe de la Policía Federal y responsable de cientos de muertos obreros) ; y, por último, los sucesos de la Patagonia, donde una huelga de los peones rurales fue convertida en la peor carnicería masiva hasta ese momento, quedando asesinados 1500 trabajadores en el frío patagónico.

Durante los años ´30, con el golpe fascista del General José Félix Uriburu, se intensifica la represión contra  el movimiento forista y libertario, clausurando periódicos, locales y bibliotecas obreras; procesando, deportando y fusilando cientos de activistas sociales y sindicales.

Doctrina y metodologías

Más allá de las grandes luchas que protagonizó y las represiones que soportó a lo largo de su trayectoria, lo primordial de la experiencia de la FORA fueron su concepción del sindicalismo como herramienta de acumulación y como vehículo de liberación integral, sus propuestas de construcción revolucionaria y su metodología de lucha basista, basada en la acción directa, la solidaridad y conciencia de clase y una esforzada tarea de propaganda y formación hacia la clase trabajadora.

La FORA  planteaba a la actividad sindical como un crisol de experiencias acumulativas, una gimnasia revolucionaria que preparara y formara a las masas oprimidas en la lucha diaria y reivindicativa, hacia horizontes más vastos y ambiciosos, hacia la libertad y el socialismo, construyendo desde el hoy el Hombre Nuevo y la organización necesaria para el cambio revolucionario. Su organización horizontal y federalista, con un alto grado de autonomía de cada gremio y localidad, fomentando la participación de todos y cada uno de sus componentes, sin puestos rentados ni privilegios para sus dirigentes, quitándole horas al sueño para participar en cada asamblea o reunión puede ser visto hoy como algo casi exótico e imposible en las actuales dirigencias sindicales.

Sus herramientas de lucha (la huelga, el boicot y el sabotaje) aplicados contra la patronal sin ninguna mediación, sus violentos enfrentamientos contra las fuerzas represivas y de seguridad, las luchas puntuales contra la discriminación de la mujer, su antimilitarismo y antiparlamentarismo nos dan cuenta de objetivos que iban más allá del hecho economicista y reformista puntual..

La edición de cada gremio de su boletín de agitación y propaganda, sin hablar de su entonces órgano periodístico oficioso, La Protesta Humana que durante años se editó como diario, llegando en un momento (hacia 1910) a sumarle un diario vespertino, La Batalla, casos inéditos en la historia de las Centrales Obreras; la proliferación de bibliotecas, escuelas y ateneos obreros, nos hablan a las claras de su obsesión de dotar a la clase trabajadora de una conciencia y desarrollo autónomo y revolucionario.

No esquivamos, sin embargo, buscar errores y respuestas en su progresivo decaimiento desde los años 30, y posterior desaparición como alternativa obrera revolucionaria. La experiencia nos sirve únicamente si la analizamos de manera global y total. Podemos hablar de la feroz represión que soportó sobre sus espaldas durante 30 años, con miles de presos, deportados y asesinados. Podríamos argumentar con razón, sobre lo difícil de empezar desde la nada y hacer casi todo, convirtiendo al anarquismo en el primer movimiento de masas moderno que conoció nuestro país. Podemos esgrimir su falta de comprensión ante hechos históricos concretos que necesitaron un mejor análisis y posteriores respuestas,  como su pasividad ante el golpe militar y fascista de Uriburu y la falta de replanteamiento de tácticas acordes a los cambios en la organización del trabajo, dejando atrás los trabajos artesanales para insertarse en los tibios pero reales progresos industriales que vivió el país en los años 30 y 40.

Podemos esgrimir, sobre todo, la errónea práctica simbiótica de confundir a la organización de masas (el sindicato) con la organización política (específicamente anarquista), que llevó a incubar un alto grado de sectarismo y contribuyó a las constantes divisiones en el movimiento obrero de esos años, incluso fustigando a otros sectores del anarquismo proclives a organizarse en tanto libertarios, en estructuras por fuera de los organismos de masas[8].

Algunos aspectos a destacar

1897. Nace la primera publicación anarquista

El nombre de la primera publicación anarquista argentina fue La Protesta Humana (para que los canillitas la publicitaran mejor cambiaría su nombre por el La Protesta solamente) se convierte en la voz más representativa del anarquismo y, de hecho, logra ser su dirección teórico-política. Pero también existían otras publicaciones, semanarios y revistas, que aportaban a consolidar las ideas libertarias en los jóvenes escritores. Para hablar exclusivamente de esta enriquecedora publicación se necesitaría dedicar varios libros enteros, en los cuales se cuenten las numerosas anécdotas que han vivido los diferentes grupos editores. Lo que se puede destacar es que en 1903 adopta el nombre definitivo de La Protesta, transformándose en  uno de los periódicos de mayor continuidad e importancia en la historia del anarquismo. Hacia 1897, tiene una tirada de 2.000 a 2.200 ejemplares, pero ya en 1.900-1901 alcanza 3.000 y a fines de 1903 asciende a 8.000. Finalmente tendrá su máximo apogeo con una tirada de 60.000 ejemplares alrededor de la década del ´20. El primer grupo editor a cargo de esta publicación estaba conformado bajo la dirección de Inglam Lafarga, carpintero de origen catalán, junto a: Francisco Berri, Altair, el Dr. Creaghe, E. Arana y j. Prat. Desde el exterior colaboraron R. Mella y A. Lorenzo.

Siguiendo el destacado y forzoso emprendimiento por nacer, es menester considerar a La Organización Obrera. Pero antes de referirnos a su nacimiento es imprescindible que comentemos los sucesos que la originaron. Al principio, se había hecho hincapié en el nacimiento de la Federación Obrera Argentina. En uno de los tantos Congresos obreros que existían en aquel tiempo se aprueba el nacimiento de esta publicación mensual. El grupo convocante del congreso -las sociedades que publican el periódico La Organización- no quieren ceder el espacio a la nueva publicación por su desconfianza hacia la F.O.A., por la creciente influencia anarquista en esta. Los dirigentes socialistas que integran el Comité Federal de la misma, no se hacen presentes en sus reuniones. Las sociedades nucleadas en torno a La Organización deciden convocar a una conformación  de un comité de propaganda exclusivamente gremial y económica, totalmente al margen de la F.O.A. A pesar de todo las dos publicaciones ven la luz. El periódico anarquista resume así el conflicto; Creemos que tanto socialistas como anarquistas, tienen mucho campo donde trabajar y pueden muy bien aunar sus fuerzas sin perder nada de sus respectivos principios de táctica, tanto en la federación como dentro de las sociedades de resistencia.

El anarquismo argentino también contó con grandes escritores, como José Ingenieros, Rodolfo González Pacheco, Teodoro Antilli, Emilio López Arango, con excelentes poetas, como Alberto Ghiraldo y Herminia Brumana. A principios de siglo realizaron Luisa Michel y Pedro Gori una histórica labor de propaganda, que ganó para el anarquismo miles de adeptos en diferentes lugares de Hispano-America. Todo esto duró hasta que las dictaduras, de Yrigoyen primero, de Uriburu después, lo aniquilasen encarcelando y  deportando a los hombres más representativos de la izquierda y suprimiendo la prensa, ediciones y organizaciones obreras y políticas.
Hubo otros hombres, a caballo sobre diversas nacionalidades y países, como Rafael Barret, nacido en España, pero que vivió en la Argentina, hijo de padre inglés y de madre española, como Enrique Nido y Pierre Quiroule, asiduos colaboradores de “La Protesta”, pero que habían ido a parar allí después de múltiples avatares.

LA SEMANA TRAGICA: LOS CRIMENES DE UNA CLASE, LA VIGENCIA DE UNA LUCHA

Contexto histórico

Durante la segunda mitad del siglo XIX acceden al poder minorías cultivadas y tenaces, decididas a modernizar las estructuras económicas y sociales. Conscientes de las riquezas naturales de la región y deslumbradas por las perspectivas de enriquecimiento rápido que el mercado internacional parece ofrecer por aquellos años, las capas dominantes se consagran a la realización de un ambicioso proyecto. El modelo de desarrollo consiste en la integración de las economías al mercado capitalista mundial, para ello es necesario llevar a cabo un proceso de “modernización”. Para lograrlo es necesario expandir la economía, fomentando la ocupación de nuevas tierras para generar trabajo. Para lograr esto se adopto una política inmigratoria, con grandes propagandas y obras de infraestructura.

La inmigración europea era fundamental dentro del proyecto oligárquico para cumplir con la modernización y el desarrollo. En Argentina el crecimiento demográfico es notable, entre 1880 y 1914 se cuentan mas de 3 millones de inmigrantes, quienes se repartieron mayoritariamente en la agricultura, en los puertos y ferrocarriles, en la construcción y en rubros industriales variados. Los que acudieron en mayor numero fueron los españoles y los italianos, que constituirán la base del proletariado urbano. Muchos de esos extranjeros traen de sus países de origen una experiencia en luchas obreras y han participado en los grandes movimientos sociales europeos; tienen ideas claras sobre los derechos del trabajador y en muchos casos poseen una orientación revolucionaria.

Los gobiernos no tardan en comprender que la “modernización” iba a traer más de un dolor de cabeza, las tensiones entre las clases trabajadoras y las clases dirigentes se agudizan y sus enfrentamientos son cada vez más frecuentes. La oligarquía argentina va a adecuar el aparato represivo destinado a mantener el orden social. En el plano jurídico se dictan la Ley de Residencia (1902) y la Ley de Defensa Social, destinadas a luchar contra el movimiento anarquista; ambas reprimen la acción libertaria y sindical y autorizan la deportación de los extranjeros considerados peligrosos para la seguridad nacional; además se hace repetido el uso de la declaración de estado de sitio. Años más tarde se formo la Liga Patriótica, órgano paramilitar ultra-nacionalista que participaba en las redadas y los enfrentamientos que generalmente se producían con los obreros. La Liga estaba conformada por “brigadas” que eran formadas por los patrones, los empleados, los “obreros buenos”, los policías retirados, etc. Actuaban en nombre de Dios, la patria y la familia y veían como una gran amenaza a la Nación al movimiento anarquista al que persiguieron sin cuartel. Su accionar es totalmente libre: usan armas de ultimo modelo, expulsan obreros, allanan sindicatos, reprimen, disuelven manifestaciones, etc. La Liga Patriótica tuvo una activa participación en los conflictos Patagónicos. En el plano militar el ejercito se estructura y se profesionaliza; aumenta considerablemente su poderío en armamento y en hombres, se hace obligatorio el servicio militar. También Chile, gran vencedor de la Guerra del Pacifico y dispuesto a una guerra con Argentina, refuerza su poderío naval y militar. Es importante aclarar que ambos ejércitos en reiteradas ocasiones efectuaron operaciones conjuntas; contra los caudillos del interior, contra los indios, contra los chacareros y peones en zona rural, contra huelguistas y manifestantes en zona urbana, etc.

La Argentina de 1919. Sindicatos y lucha de clases

Hacia 1919 la Argentina aún conservaba una estructura socioeconómica eminentemente dependiente de las grandes potencias, especialmente Gran Bretaña, sobre una base oligárquica y agrícola-ganadera, exportadora de materias primas. No obstante, durante la Primera Gran Guerra de 1914, se produjo un interés de los inversores extranjeros en el país, lo que trajo la instalación de industrias livianas, la mayoría de ellas pequeños talleres con pocos empleados.

Hacia 1917-18, ya bajo el primer gobierno radical de Hipólito Yrigoyen (a la postre, ganando las primeras elecciones realizadas sin fraude) las condiciones de vida de la clase trabajadora sufrieron una fuerte caída, con una baja de salarios de entre el 16% y el 21 %, una fuerte suba de los alquileres populares y del consumo básico. Todoesto, fogoneado por una experiencia de casi 50 años de activismo sindical, con organizaciones obreras poderosas y radicalizadas, dio como sumatoria un cóctel de tensión y enfrentamiento clasista nunca visto. De esa manera aumentaron notablemente los conflictos gremiales ya que (según censos oficiales) si en 1916 se  produjeron 80 huelgas con la participación de 24.321 huelguistas, hacia 1918 se produjeron 223 conflictos con la participación de 180.675 huelguistas.

Al comenzar 1919 encontramos a un movimiento obrero dividido en dos grandes centrales e infinidad de sindicatos autónomos. La última fracción se había producido en abril de 1915 en el IX Congreso de la FORA  (Federación Obrera Regional Argentina), tras ladiscusión sobre la conveniencia de que la federación, recomiendey defienda una finalidad  ideológica, sobre la estrategia de acción directa y la lucha político- parlamentaria.

Los anarquistas ortodoxos forman entonces la FORA del V Congreso (ya que en este evento se había decidido incluir en la carta orgánica la necesidad de la finalidad del comunismo anárquico). El resto, que incluía a socialistas, sindicalistas puros y núcleos de anarquistas disidentes e influenciados por la reciente revolución rusa, como Bandera Roja, planteaban la neutralidad sindical y conforman la FORA del IX Congreso.

La huelga general decretada por las organizaciones obreras -la más importante que conociera el país hasta aquel entonces-, el rol destacado de la prensa y militantes anarquistas en el movimiento, la reciente Revolución Rusa de 1917, la organización de un movimiento contrarrevolucionario como la Liga Patriótica, la aún próxima derrota del conservadurismo en las elecciones presidenciales de 1916, los efectos recesivos provocados por la Guerra Mundial que acababa de terminar, todos estos factores contribuyeron para transformar a la Capital Federal en el impensado escenario de una guerra social, que dejaría por muchos tiempo su huella en el imaginario colectivo de la moderna Buenos Aires.

Semana del 7 al 13 de Enero. Los hechos

Desde hacía un mes, los 2000 obreros de los Talleres Metalúrgicos Pedro Vasena (de capital argentino-británico) se encontraban en una dura huelga contra la patronal. Sus reivindicaciones y peticiones eran: aumentos de salarios, reducción de la jornada de 11 a 8 horas, descanso dominical y la reincorporación de los delegados despedidos desde el comienzo del conflicto.

El 7enero por la tarde se dirigían varias chatas con materia prima a la planta de Vasena, ubicada en Pepirí y Santo Domingo en el populoso barrio de Pompeya, conducidas por carneros contratados por el sindicalismo amarillo y católico de la Asociación del Trabajo y rodeados por un cordón policial que les servía de escudo. Al llegar a las calles Pepirí y Alcorta son detenidos pacíficamente por un piquete a de huelguistas.

Al no detenerse, los obreros, que estaban acompañados por mujeres y niños, comenzaron a tirarles piedras. En ese momento la policía que hacia de custodia cargo contra los manifestantes, librándose un combate desigual por casi dos horas. Cuando terminó el choque se pudo observar la tragedia; sobre el pavimento estaban los cuerpos de cuatro obreros muertos y más de treinta heridos, algunos delos cuales fallecieron horas después.

Fue la gota que rebalsó un vaso demasiado cargado de humillaciones y represión. El mismo día 7 la Sociedad de Resistencia Metalúrgica y los obreros marítimos fueron a la huelga total. El día 8, en la reunión de su Consejo Federal, la FORA anarquista declaró para el otro día la huelga general activa con actos relámpagos y piquetes de trabajadores para asegurar el total acatamiento de la medida y acompañar los féretros de los compañeros asesinados por la policía. La FORA del IX, tras algunas dudas también llamó al paro pero sin actividades agitativas. El día 9 la ciudad amaneció paralizada y, sobre todo los barrios populares del sur, virtualmente tomada por los grupos de huelguistas organizados en torno a sus sindicatos, a los que se les sumaban espontáneamente cientos de hombres mujeres y niños

En las puertas de la fábrica Vasena y en las calles adyacentes los obreros bloquearon la entrada y salida, y levantaron decenas de barricadas. En el interior de la empresa permanecieron encerrados varios miembros del directorio, del sindicato amarillo y delegados de la FORA IX que estaban negociando algún tipo de acuerdo con la patronal. A las 15 partió desde el barrio de Pompeya elcortejo fúnebre de los obreros asesinados el día 7, compuesto por más de 15.000 personas. A la cabeza marchaba un grupo de militantes que actuarían como autodefensa.

Tres horas más tarde el cortejo llegó al cementerio de Chacarita. Detrás de los muros se encontraban agazapados policías y bomberos fuertemente armados que comenzaron a disparar contra la multitud. La estampida fue tremenda y la desesperación se apoderó de los manifestantes. Sólo el grupo de autodefensa, más algún otro obrero que había llevado su revólver, se plantaron rodilla al piso, intentando defender a sus compañeros. La provocación fascista de la policía terminó en tragedia. Los diarios burgueses hablaron de 12 muertos. Los sindicatos y la prensa obrera calculó que fueron alrededor de 50 los asesinados.

Cuando se difundió la noticia se desató la furia popular. Varios grupos de trabajadores comenzaron a disparar a trenes, grandes comercios, comisarías y a asaltar armerías. Esa noche el presidente Yrigoyen dio una orden histórica y despiadada: por primera vez el Ejército, a las órdenes del Gral. Dellepiane, sería el que reprimirla al pueblo.

Durante la noche se produjeron decenas de enfrentamientos contra la policía. Ya no como respuesta a la represión sino con un alto espíritu ofensivo, llegando incluso a atacar diversas comisarías: recuperar armas cortas y largas y liberar detenidos.

La huelga general, con la FORA V y los grupos anarquistas como vanguardia, había evolucionado en claras situaciones insurreccionales, aunque se notaba la falta de un plan integral y una estrategia clara y que posibilite la incorporación de un número mayor de trabajadores al enfrentamiento. Durante el día 10 la huelga se mantuvo total y continuaron los enfrentamientos y la generalización de barricadas. Pero dos elementos se incorporan a la dinámica de la lucha. Por un lado, el Gobierno convocó y comenzó a negociar en secreto con la FORA IX (reformista) el levantamiento de la huelga y presionó asimismo a Pedro Vasena para que acepte algunas de las reivindicaciones obreras. Por otro lado, se focalizó e intensificó la represión militar contra la FORA anarquista. Quebrando la unidad y la moral del pueblo.

En esos momentos es que hizo su aparición la Liga Patriótica. En efecto, un grupo de “ciudadanos defensores del orden”, formado por militares, empresarios y “niños bien” (de la burguesía nacional) de Recoleta, con la bendición de la Iglesia, la vista gorda del gobierno y conducidos por el político conservador Manuel Carlés y el almirante Domeq, se reunieron en el Centro Naval y se armaron (facilitado por la policía) para restablecer “la paz”. Este grupo terrorista y fascista se lanzó contra cuanto “judío y maximalista” encontraban, golpearon, asesinaron o entregaron a la policía a cientos de militantes y obreros, quemaron locales y periódicos sindicales, saquearon e incendiaron bibliotecas e imprentas.

En medio de la represión militar y derechista, la FORA IX declaró el levantamiento de la huelga, quebrando la unidad de acción práctica y callejera que se había formado entre las dos centrales. El día 11, de todas maneras, la mayoría de la base de la FORA IX no acató la consigna y no concurrió a trabajar. Hasta el día 13 la FORA V mantuvo la huelga bajo condiciones sumamente angustiantes y en medio de la feroz represión militar y fascista. Con el Consejo Federal, casi todo el Comité de Huelga hubo  más de 20.000 personas detenidas durante los días 10, 11 y 12, la moral combativa y unitaria seriamente dañadas sucumbía con los más de 500 luchadores asesinados. Será una derrota táctica significativa, pero con grandes enseñanzas estratégicas de experiencia y acumulación popular.

Epílogo de la Semana Trágica

En los siguientes fragmentos, extractados de La Protesta, voz oficial de la FORA del Vº Congreso, los anarquistas hacían un llamamiento a la revolución violenta, catalogaban como revolucionaria el accionar obrera durante la Semana Trágica, y se burlaban de los parlamentarios socialistas. El primer fragmento fue publicado el día 8 de enero de 1919. El segundo fragmento lo fue el 21 de enero.

Y cerramos esta crónica haciendo un llamado a todas las organizaciones obreras de la ciudad. Sin falta, trabajadores, vengad este crimen. Dinamita hace falta ahora más que nunca. Esto no puede morir en silencio. ¡ No, y mil veces ¡ ¡ No ¡, el pueblo no ha de dejarse matar como mansa bestia. Incendiad, destruid sin miramientos, obreros. ¡ Vengaos, hermanos ¡ frente al crimen de la justicia histórica, la violencia del pueblo como única e inmediata consecuencia y solución.

“¿Dónde, pues, estaban los socialistas ? En la Cámara, unos llorando un mea culpa vergonzoso de puro miedo (…), otros escribiendo disculpas lamentables (…).Los últimos acontecimientos revolucionarios que conmovieron a esta tranquila y confiada ciudad nos han demostrado dos cosas: que el socialismo es simplemente un partido de oposición con propósitos de gobierno, enemigo de todo acto que signifique una subversión de órdenes sociales y que sus dirigentes no tienen la capacidad revolucionaria y la valentía suficientes para encarar decididamente una situación de fuerza, orientando al pueblo hacia la revolución

Cualquiera sabe (…) que los socialistas y sindicalistas negaron su concurso a la huelga general, tratando de eludir responsabilidades, mientras la FORA del Vº  [reafirmaba] el movimiento y [asumía] la actitud que correspondía en esos momentos a todo revolucionario. La defección sindicosocialistas provocó la reacción burguesa estatal

La semana de enero de 1919 se adscribe dentro de las grandes gestas y luchas del movimiento obrero y popular en nuestro país. Como la lucha por las ocho horas, la semana roja, la huelga de los inquilinos en 1907, las luchas por los presos políticos como Radowitzky, la Patagonia Trágica, la Forestal, la huelga del ´36, la ferroviaria y la de los obreros de la carne en los años cuarenta, la resistencia peronista, la toma de fábricas durante el gobierno de lIIia, la lucha contra el plan Conintes durante Frondizi, el Cordobazo, Rosariazo, Viborazo y todos esos hermosos y combativos “azos” durante la década del 60 y 70, Villa Constitución, SITRAC-SITRAM, la resistencia contra el Pacto Social y el Rodrigazo en el 74-75, las huelgas contra la dictadura genocida, los paros generales del 79 y 82, las tomas de los supermercados y la huelga de Ford ya durante el gobierno de Alfonsín, la resistencia a las privatizaciones menemistas y neoliberales, el Santiagazo, los piqueteros, Tartagal, Cutral Có, los cortes de ruta y las cientos y cientos de pequeñas y grandes luchas de nuestro Pueblo.

En la Semana Trágica se presentan características y circunstancias inéditas hasta ese momento en las luchas de clases en nuestro país. Por primera vez una huelga general evoluciona en un intento de insurrección popular que por momentos se torna ofensiva, con muchos ribetes de guerrilla urbana: rudimentaria, poco preparada y pecando de espontaneísta y de la falta de un claro plan de acción, pero con una numerosa participación y consenso popular, pasando de un conflicto reivindicativo a consignas y acciones de forma y fondo, claramente anticapitalistas y antiburguesas.

También por primera vez el Ejército, con el agravante de estar bajo un gobierno democrático, reprime manifestaciones obreras, y da comienzo a una historia de represión popular e intervención en la vida política argentina, donde sus cañones y fusiles apuntaran indefectiblemente contra las masas populares y en defensa de intereses oligárquicos y pueriles.

Y como otra novedad, encontramos la aparición de una banda terrorista de derecha (la Liga Patriótica) dedicada a perseguir y asesinar, como auxiliar de las fuerzas de seguridad, a la militancia de izquierda, obrera y popular. Será un negro anticipo de la Legión Cívica en los años 30 y, ya en los 70, de la Triple A de López Rega y el Comisario Víllar, de los Comandos Libertadores de América en Córdoba y de los grupos de tareas durante la represión de la dictadura[9].

LOS REBELDES DELA PATAGONIA

El Drama Patagónico

Desde 1917, con grandes huelgas como la de los obreros ferroviarios, de la carne, azucareros tucumanos, etc., un nuevo período de auge sacude a la Argentina. Esta oleada de luchas obreras alcanza su pico más alto en la segunda semana de enero de 1919. La lucha por salario, condiciones y tiempo de trabajo de los 800 obreros de los Talleres Vasena es reprimida violentamente por la policía, dejando un saldo de 4 muertos y 30 heridos. Esta represión pone en pie a los trabajadores y el pueblo de Buenos Aires y Avellaneda.

El gobierno de Yrigoyen reprime sangrientamente la sublevación popular. El ejército entra en la ciudad; se arman grupos civiles de la oligarquía que asaltan locales e imprentas obreras y realizan verdaderas “razzias” en los barrios obreros con un saldo de entre 800 y 1.500 muertos -según las fuentes diplomáticas de la época- y más de 4.000 heridos, incluyendo mujeres, ancianos y niños. Genocidio sólo comparable a los de Rosas y Roca contra los indios, que pasará a la historia oficial con el nombre de Semana Trágica.

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